Jorge Graciosi y Manuel Callau: Yepeto
La palabra y la pura pasión
El triángulo amoroso entre el Profesor, una de sus alumnas y el novio de ésta vuelve con el agregado de una escena. “Cuando se trata de una obra estrenada con gran éxito, como Yepeto, no es aconsejable competir con el pasado”, afirma el director.
El Profesor afirma que se ejerce seducción con las palabras, pero al mismo tiempo admite que eso no es verdad. Le gusta disfrutar de la vida y de las mujeres y compite con el joven novio de una de sus alumnas, de apenas 17 años. ¡Qué le queda entonces si no otorgarle mayor lustre a la palabra! Por otro lado dice estar convencido de que un atractivo en toda relación es aquello que se desconoce del otro, y cita a Marcel Proust y su libro En busca del tiempo perdido. Lo inicial en Yepeto, de Roberto “Tito” Cossa, es la confrontación entre varones de muy diferente edad por la conquista de una mujer. Y a eso apunta el director Jorge Graciosi en la puesta que se estrena mañana, en el Teatro Nacional Cervantes. “De lo contrario no tendríamos obra”, observa este director, en diálogo con Página/12, junto al actor Manuel Callau. El enamoramiento del Profesor por su alumna Cecilia (Anahí Gadda) choca con el de Antonio, el novio de ésta (Martín Slipak), conformando un triángulo amoroso que le da letra al Profesor para la novela que viene escribiendo, en simultáneo con la acción. En su ficción, los personajes son una joven, su tutor y un teniente de húsares. El hombre maduro necesita revitalizarse y se vale de la literatura, la ironía y el ingenio para desplazar al joven. Si se quiere, resabios de una cuestión antropológica, como la de los primitivos consejos de ancianos que requerían la compañía de niñas para prolongar la vitalidad que se les escapaba.
Esta pieza de Cossa, ampliamente representada en el país y el extranjero, tuvo su debut en Buenos Aires, en 1987, en el teatro Lorraine. Entonces actuaron Ulises Dumont y Darío Grandinetti, quien se atrevió a un desnudo frontal. Dirigía Omar Grasso. La obra, premiada, se mantuvo durante cinco años en Buenos Aires y realizó giras por el exterior. Llevada al cine por Eduardo Calcagno, con Ulises Dumont y Nicolás Cabré en los protagónicos, cruza el deseo amoroso con el humor punzante. Graciosi dice haber ideado una puesta de acuerdo con el espacio, atípico, de la Sala Orestes Caviglia, ajustándose a los tiempos del teatro oficial: dos meses de ensayo y la presentación anticipada de la escenografía. “Esta no es una queja –puntualiza– sino una forma distinta de trabajar para quienes venimos del teatro independiente.” Su decisión de “abrir la obra” lo llevó a crear un recorrido imaginario: “La acción transcurre en la casa del Profesor, que por momentos es la casa de los jóvenes; en un bar y en la calle”. Este último paisaje, resuelto con luces.
–O sea, una concepción en parte cinematográfica...
Jorge Graciosi: –Cuando se trata de una obra estrenada con gran éxito, como Yepeto, no es aconsejable competir con el pasado. Yo no la recuerdo tanto, pero sí alguna gente de teatro y sobre todo el autor. Eramos muy amigos con Grasso, pero también muy distintos, de manera que el tema no es copiar. Subsiste un ochenta por ciento del original, pero se hicieron pequeños cortes y además Tito agregó una escena.
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