Gabriela Hillar y Patricia Palmer: Canciones a upa y Circo a upa


Teatro con chupete

Proyecto Upa tiene su propia sala, en la que se pueden ver dos obras dedicadas para bebés a partir de los ocho meses. “Hay una conexión directa con lo que pasa en la platea”, dice Patricia Palmer.

Los chicos más chiquitos tienen sus propios programas de televisión, sus propias marcas de ropa y calzado, desde hace 15 años sus propias obras de teatro de la mano de Proyecto Upa y ahora también, a partir de esta temporada, su propia sala teatral, en la que se pueden ver las dos obras dedicadas especialmente para bebés a partir de los ocho meses. Gabriela Hillar, fundadora del proyecto, explica a Página/12 que una sala de teatro para bebés “no puede ser una sala peligrosa, tiene que garantizar desde que entrás hasta que te vas que tu hijo pueda caminar, pueda andar, pueda experimentar, porque es la actitud natural que va a tener”, analiza. Y cuenta que para ello “armamos plateas blandas con colchonetas, con gradas, para que no haya una platea con butacas, que es otro tipo de experiencia”, compara sobre lo que pueden experimentar padres e hijos, a upa o no, con Canciones a upa los domingos a las 15.30 y el estreno de Circo a upa, a las 16.30, en El Taller del Angel (Mario Bravo 1239).

Junto a Patricia Palmer, propietaria del teatro, apostaron a armar un espacio en el que la experiencia teatral que va a tener el chiquito, seguramente por primera vez, sea una experiencia integral: “Nadie va a hablar puntualmente de las actrices, de la escenografía, del baile o de la música, sino que hay una percepción integral de lo que significa vivir la experiencia artística con un bebé chiquito”, dice Hillar. Y apuesta a que el chico va a ver “una propuesta teatral, la elaboración de una dramaturgia, una puesta en escena, una dirección de actores, de clowns, una coreografía”, propuesta que incluye un trabajo actoral de reformulación de su formación, ya que actuar para bebés implica otro tipo de vínculo entre el escenario y la platea: en las obras para bebés no hay representación, es “un diálogo directo, hay una conexión directa con lo que pasa ahí abajo, que el actor retoma e incorpora dentro de una estructura dramática. Para eso los actores tienen que laburar un montón”, se entusiasma.

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