Diqui James: Fuerza Bruta

“Somos un fenómeno natural inevitable”
Reniega cuando se los trata de vanguardistas y asegura que con su participación en el Bicentenario ratificaron que su arte es para todo el mundo. “No soy un intelectual del teatro”, se autodefine.
"Esta es mi oficina”, dice Diqui James, el fundador de Fuerza Bruta junto a Gaby Kerpel, y señala una pequeña mesa de plástico, con dos sillas, también de plástico. El galpón donde ensaya el grupo de músicos, actores y acróbatas de la compañía está en el barrio de Saavedra y es una mezcla de cables, herramientas, pilas de cartones y equipos, de los cuales no queda muy claro para qué sirven, pero se podría pensar que ayudan a los actores a volar, un clásico de estos espectáculos. De fondo, se escucha un “pum, pam, pum” sincronizado de los artistas que preparan la música primitiva de Wayra Tour, el nuevo show del grupo que tendrá su estreno mundial en el Luna Park y que por primera vez le ofrece al público la posibilidad de ver sus obras desde una butaca, sin participar de la explosión de sus puestas.
“Fuerza Bruta es hoy. No es el teatro del futuro, ni la obra que se repite una y otra vez desde el pasado. Fuerza Bruta es ahora. No inventa nada. Es un fenómeno natural inevitable. El resultado de millones de años. Tiene origen en el fondo del océano, en el fondo de los vasos. Fuerza Bruta no sirve para nada. Es.” Esta es la mejor definición que James encontró para lo que hace desde 2003, cuando nació el grupo, luego de la experiencia de De la Guarda y La Organización Negra, otros dos grupos de teatro que también creó.
–¿Por qué no les gusta que califiquen su teatro como de vanguardia?
–Nosotros somos hoy. Todo depende de qué se entiende por vanguardia. Por un lado, porque lo que nosotros hacemos es totalmente primitivo, pero con la incorporación de tecnologías modernas. No estamos inventando nada nuevo. Estamos tomando las partes más primitivas del teatro que tienen que ver con el Carnaval, con la fiesta. No siento que estoy inventando ningún lenguaje. Por otro lado, me molesta la asociación de la vanguardia con una élite, como si yo estuviera haciendo algo que entienden unos pocos. Cuando se dice vanguardia, pareciera que lo entienden solamente los que estudian cine. Y yo siento que lo nuestro pasa por otro lugar. Y es lo que pasó con el Bicentenario. Me encantó que nos eligieran para hacer el espectáculo, porque fue una forma de ratificar lo que nosotros decíamos: que lo nuestro es para que lo entienda todo el mundo. Esto nos pasa desde la organización negra, que venía por ejemplo la familia del soldador, que nunca había visto una película en el cine, tenían poca relación con la literatura. Jamás se les hubiese ocurrido ir al teatro, pero cuando vieron lo que hacemos, se emocionaron. Después, vinieron otras personas del Shakespeare Theatre y nos dijeron que les encantaba. Para mí eso es lo que tiene que ver con el lenguaje. Es lo que pasa con un carnaval, salen todos a la calle, los ricos, los pobres, los profesionales, los que trabajan. Y por eso digo que lo de vanguardia aparece en un lugar donde no me siento para nada involucrado.
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