Ana Luz Kallsten: Una felicidad posible

Monólogo dulce y desesperado
La actriz recorre textos de la escritora Clarice Lispector. La obra puede entenderse como el homenaje de una fanática a su autora favorita, pero también ofrece la mirada de una joven sobre los distintos estadios de la vida, hilados por el deseo.
A Clarice Lispector le encantaba la palabra misterio. Qué hay si no eso –para ciertos motivos no hay estadísticas– detrás de la fascinación que la autora despierta en las jóvenes; en la Argentina, particularmente, luego de que aparecieran no hace mucho sus libros de crónicas. “Definitivamente me cambió la vida”, desliza Ana Luz Kallsten, quien en algunos momentos de la entrevista con Página/12 hablará como una lectora corriente, mientras que en otros –sin salirse nunca del enamoramiento– brindará detalles de Una felicidad posible, obra de la que es autora y única actriz. Monólogo dulce y desesperado que recorre textos de Lispector, con un respeto afiebrado por la palabra de la escritora, Una felicidad posible (miércoles a las 20.30 y domingos a las 14 en Querida Elena, Pi y Margall 1124) es el homenaje de una fanática, pero también la mirada de una joven sobre los distintos estadios de la vida, hilados por el deseo.
Lo curioso –y he aquí el misterio– es el insistente empeño de las teatristas por escenificar ese universo poco tangible, difícilmente encasillable y abrumadoramente sensorial que edifica Clarice en sus cuentos, novelas y crónicas. Una felicidad posible no es el primer intento. El año pasado convivieron en la cartelera porteña Muaré (danza teatro), Corazones salvajes (teatro más convencional) y Cariño (rareza que combinaba danza, teatro y música), tres propuestas bien diferentes –todas nacidas de lectoras apasionadas– que demostraron lo que puede hacerse en el escenario con la literatura de Lispector: todo, aunque parezca que nada. La obra de Kallsten lo reconfirma. Ella, de sólo 23 años, fue por el camino del unipersonal por una razón: “Compartir el imaginario de Clarice con otra persona me resultaba muy difícil”, explica quien comenzó a leerla tras finalizar el secundario y nunca paró.
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