Shangay


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Muscari yrecrea los tiempos idílicos de una pareja gay que se disuelve

Cuando se piensa en el teatro de José María Muscari, suele asociárselo con lo impetuoso, el vértigo, el capricho, el frenesí. Y es que su producción parece el emergente rabioso de un estado subjetivo y cultural. Su génesis provendría de ese diálogo misterioso entre sus experiencias vitales y los principales pareceres del mundo y la cultura. ¿Cómo negar la relación de todo su primer teatro con el menemismo? Es fruto de ese momento del país y uno de los mejores modos de entender, a partir de la crítica, en qué consistió. Porque su trabajo no es mero síntoma, sino que es inteligentemente político: la política está en la estructura, en los procedimientos, en los mecanismos narrativos y no en el argumento.

Que ahora, seis años después, vuelva a montar un espectáculo del pasado podría sonar reñido con la espontaneidad que suele asociarse a su teatro. Por el contrario, si bien su estética y su vida -no tan separadas ni tan reñidas- parecen por momentos ir a los tumbos y a un ritmo irrefrenable, el retorno no implica un cambio de estrategia. Este será uno de los años más mediáticos de su carrera. Su participación en "Bailando por un sueño" lo pondrá en el centro de la escena mediática, en el mejor y en el peor de los sentidos. Y precisamente por eso es significativo que decida retornar al espectáculo más personal y más teatral que haya hecho hasta ahora, en el que se exhibe y se entrega como persona y personaje público, mostrando sus fantasías, sus miedos, sus deseos, sus fantasmas.

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Sala: Chacarerean Theatre

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