Mariela Asensio: Lisboa, un viaje etílico

Entre el vacío y los excesos
La directora y dramaturga, creadora de Hotel melancólico y Mujeres en 3D, concibió como un show su nueva obra, en la que fusionó dos deseos: hablar de su ciudad favorita y de los “perdedores hermosos”, de los que “viven como pueden”.
Mariela Asensio se define como “una rockstar frustrada”, así que es probable que haya escuchado alguna vez “Perdedores hermosos”, de Luca Prodan. El título de esa canción es la definición perfecta para los personajes de Lisboa, un viaje etílico (viernes a las 23 en el Teatro del Pueblo, Roque Sáenz Peña 943), la última creación de la dramaturga y directora. Una adicta al sexo, un borracho empedernido, un turista sin cerebro –y con menos ganas de acercarse a la realidad del paisaje que la Moria de los vidrios polarizados– y una mujer abandonada buscan consuelo en la capital portuguesa, cuando cualquiera les sugeriría que lo busquen adentro suyo. En su verborragia, que es más cruda cuando clavan la mirada en el público, los cuatro parecen querer decir: “Nos movemos mientras morimos”. Este “show de la decadencia”, en palabras de la directora, explora la relación entre el vacío y los excesos.
Es cierto que Lisboa... está más cerca de la idea de “show” que de la obra de teatro convencional. El fado viste de melancolía a la escena, en manos de dos músicos-actores (Dolores Ocampo y Ariel Pérez de María) que intercalan otros géneros (de repente suenan Los Piojos, aunque parezca extraño). “Mis obras siempre están atravesadas por la música”, explica Asensio, creadora de Hotel melancólico y la trilogía Mujeres en 3D (la exitosa primera parte, Mujeres en el baño, está próxima a reestrenarse; en tanto que Asensio trabaja en la segunda, Mujeres en el aire, sobre lo femenino en los medios de comunicación). “Quería que el universo del fado, género musical que me encantó siempre, se manifestara teatralmente.” El reiterado contacto visual de los actores con el público, que coincide con monólogos desgarradores, y la disposición de las butacas (alrededor del hecho escénico) también hacen que la obra, más que eso, sea un show.
Asensio aprovechó la elección original –una puesta que pasara por el fado– y ubicó la obra en Lisboa, su ciudad preferida. Finalmente, “esto se fusionó con otro deseo”, cierra la directora. “Hablar de la gente a la que no le va bien. Estaba medio harta de la onda inmediata, exitista, televisiva. Pareciera que hay que ser un ganador todo el tiempo. Me dieron ganas de rebelarme, de hablar de gente que no está interesada en trascender en algo, que vive la vida como puede.” El resultado es “una oda a los perdedores”.
–¿Cuándo estuvo en Lisboa?
–Una vez, en 2006. Es rarísimo: era mi ciudad preferida sin conocerla. No había visto ni fotos. Cuando la conocí fue como estar volviendo a un lugar. Tiene una cosa muy latina y marginal, dentro de lo que es esa parte de Europa. Hay otras ciudades de Europa que son más glamorosas, están más “tuneadas”. En cambio, Lisboa se quedó. Pero es tremendamente hermosa; triste, pero bella en esa tristeza. Es un elogio de la tristeza, y es re particular. Tiene ascensores para ir a otras partes de la ciudad, porque está montada sobre colinas. Una paga un ticket como si fuera el subte y sube a los barrios en ascensores públicos.
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