Hacia donde caen las cosas

Hacia donde caen las cosas
La deconstrucción de la locura. El hombre que ocupa la escena está hecho a fuerza de simetrías, obsesiones, orden, limpieza y autoridad. No hace falta mucho para darse cuenta de que nada se escapa a esa mirada torva. Nada se escapa, y tampoco nada la perturba. La rutina, la medida del tiempo y su respeto a ultranza marca el devenir de una vida sin aire; como una olla de presión que se teme que en cualquier momento estalle. Esa olla es El, el personaje que interpreta Luciano Suardi, a cargo de un silencioso monólogo de acciones físicas que se alteran frente al menor cambio, frente a la presencia de otro. El único registro que marca una modificación en su mirada es descubrir que hay otra, la de la cámara que lo sigue y que lo expone en primerísimo primer plano en una de las paredes de su pequeño monoambiente (el resultado de esas imágenes es impactante). Más tarde aparece en su registro mental la música que proviene de un cuarteto de cuerdas que toca en vivo y que marca los momentos de tensión, como en una película de suspenso. Tan fuerte es la presencia de lo musical que se transforma en otro personaje; hay pasajes enteros en los que sólo sucede la música y uno no puede menos que seguir prestando atención; es como la premonición de lo que está por ocurrir.
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Sala: Teatro Sarmiento
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