Luis Ziembrowski y Analía Couceyro: Las islas


“El narcisismo nos lleva al todo o nada”

En el Teatro Presidente Alvear, el dúo protagoniza la obra de Carlos Gamerro, que a pesar de asumir un tono delirante no pierde de vista la cantidad de cuestiones que aún quedan por debatir en la sociedad sobre la guerra de Malvinas.

El profesor Citatorio recibe al público con el propósito de reflexionar sobre el compartido amor por las islas Malvinas y revelar las razones por las que son codiciadas. El discurso del personaje presentador de Las islas mezcla de forma audaz realidad y ficción. Este es uno de los protagonistas de esta pieza del escritor Carlos Gamerro, traslación de su novela de igual título. La obra, delirante en más de un aspecto, se estrena hoy en el Teatro Presidente Alvear, dirigida por Alejandro Tantanian. En diálogo con Página/12, en un palco del teatro, la actriz Analía Couceyro –en el papel de una ex militante que traba una relación sexual con su torturador– y el actor Luis Ziembrowski –quien compone a un empresario de hábitos fastuosos y siniestros– coinciden en que no hubo suficiente discusión sobre el desembarco del 2 de abril de 1982 en Malvinas ni sobre la derrota del 14 de junio, que no descabezó rápidamente a la cúpula militar, pero quebró el apoyo de la población. “La idea de patria fue exaltada en esas fechas y después quedó en el olvido. No hubo resarcimiento para las víctimas”, puntualiza Couceyro. “En aquel contexto histórico, todavía bajo la dictadura, la visión de patria era terrorífica y lineal, y el debate, imposible, aplastado por una propaganda que llevó al país a meterse en una guerra sin tomar en cuenta que no había preparación militar para sostener ese enfrentamiento.”

–En la obra, el personaje presentador repite aquello de “el argentino ama las Malvinas. El que no ama las Malvinas no es argentino”. La toma de las islas tuvo en la población un componente emocional fuerte, como se dice también aquí, alimentado desde “la más tierna infancia”.

Analía Couceyro: –Sí, pero debiéramos preguntarnos por qué esas emociones no fueron “más adultas”. Se olvidó a los soldados. Aun dentro del horror, los secuestrados y desaparecidos durante la última dictadura militar tienen un lugar de reconocimiento en la sociedad. No pasa lo mismo con las víctimas de Malvinas.

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