Los talentos

Los talentos

Atractiva propuesta a cargo de Walter Jacob y Agustín Mendilaharzu

Desde el plano estrictamente argumental, la propuesta de Los talentos es enfrentarnos a un grupo de amigos, muy particulares ellos por cierto, que se presentan ante su público en una acción por demás distanciadora: al inicio mismo del espectáculo dos de ellos se encuentran jugando a una especie de "cadáver exquisito" por medio del que tienen que componer un texto poético siguiendo una estructura rigurosa en lo que hace a métrica, rima y sentido. Si a ese juego lo asociamos con el vestuario comenzaremos a entender que si bien estamos en un tiempo potencialmente actual, ellos son seres que oscilan entre el anacronismo y el patetismo.

Para lograr esta ambivalencia, Jakob y Mendilaharzu se sirven de cuatro actores (ellos sí, talentosos) que entienden cabalmente la propuesta y que están en condiciones de componer a esos seres con un alta dosis de comprensión. No los juzgan, los componen y los usan para producir la risa en el espectador, que no puede sino reconocer lo que de ellos se está diciendo. Porque estos seres tan cultos, tan finamente sensibles, son profundamente burdos en lo que hace a la vida social. Es más, están temerosamente enamorados de la hermana de uno de ellos y ante la necesidad de expresar aquello que sienten se paralizan. Cada una de sus manifestaciones sociales está atravesada por un temor que contrasta fuertemente con la superioridad intelectual que creen tener ante los otros. En ese sentido, el contraste entre un novio motoquero y los candidatos poetas e intelectuales colabora también con el dibujo.

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