El pasajero

El pasajero
Diego Reinhold vuelve a lucirse, esta vez en un registro diferente
Se podría decir, sin temor a equivocarse, que se trata de un gran recital de rock. Esa es la energía con la que músicos y actores suben a escena, y esa es la energía con la que el público sale de la sala luego de casi dos horas de función. Está claro que no es un recital en términos estrictos; allí arriba, hay actores que cuentan una historia, la de un músico y su banda. Y, en realidad, no siempre se trata de rock, pero está en el aire aunque suene una balada con fuertes tintes bluseros. Así, que quede claro que la música es el motor de eso que sucede en escena, por lo que no es casual que sean cinco los músicos que se apoderan de ella desde el comienzo y que se la prestan al grupo de actores/cantantes que tienen el compromiso de ponerle el cuerpo a la historia de este joven que interpretan el talentosísimo -imposible no decirlo una y otra vez- Diego Reinhold y un hallazgo (actoral) como Javier Malosetti (sus dotes como músico son por demás conocidos).
Ambos interpretan al mismo músico en distintos tiempos; uno narra con el cuerpo; el otro recuerda con la voz. Y allí está uno de los puntos más fuertes de Malosetti: tiene la capacidad para ir y venir de la canción a la narración casi sin solución de continuidad. No hay quiebres; no hay zanjas; por momentos, es difícil saber cuándo terminó de cantar y comenzó a hablar, y viceversa.
El lleva el hilo conductor de la historia de su personaje. El -ya músico consumado- cuenta con ternura, con humor, con nostalgia y con mucho cariño su propia historia, esa que Reinhold y compañía desandan gustosos.
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