Eduardo Rovner: Te voy a matar, mamá y Sócrates, el encantador de almas


“Hacer y descubrir da placer”

Multifacético, acaba de estrenar Te voy a matar, mamá y Sócrates, el encantador de almas, en Ciudad Cultural Konex. Premiado y con experiencia institucional y académica, disfruta también de la reposición de Don Arturo Illia, que se ofrece en el Teatro de la Comedia.

Admira a los autores que se instalan en un lenguaje y lo transmiten con naturalidad, aun el más arcaico. Quizás esa forma de expresión surja en una próxima obra, que se sumaría a las cuarenta que ha creado, incluidas versiones para comedia musical y ópera. Sus textos no quedan arrumbados: se lo estrena en la Argentina y en el exterior. Dramaturgo e ingeniero electrónico, psicólogo social –egresado de la Escuela de Enrique Pichón Rivière– y músico, con estudios de violín, Eduardo Rovner acaba de estrenar Te voy a matar, mamá (sábados a las 21 y domingos a las 19) y Sócrates, el encantador de almas (sábados a las 22.30 y domingos a las 20.30), en Ciudad Cultural Konex, Sarmiento 3131. Premiado y con experiencia institucional y académica, disfruta de la reposición de Don Arturo Illia (miércoles, jueves y viernes a las 21; sábados 20 y 22 y domingos a las 19), que se ofrece en el Teatro de la Comedia, Rodríguez Peña 1062, con protagónico de Luis Brandoni y dirección de Héctor Gióvine, donde –a diferencia de la versión de 2009 (Illia, ¿quién va a pagar todo esto?)– domina lo teatral sobre lo narrativo. La pieza enlaza la política y la cotidianidad de quien fue presidente entre 1963 y 1966, derrocado tras el golpe militar del 28 de junio que lideró Juan Carlos Onganía.

No son las únicas puestas que se verán este año. Rovner anticipa otros títulos: El otro y su sombra, que dirigirá Christian Barrientos, en el Teatro Tadron, donde en el mes de julio se realizará una versión de Volvió una noche. A partir de mayo subirán a escena Viejas ilusiones y El padre, el hijo y el espíritu volátil, con dirección de Liliana Malkin, y El tren de soñar, una puesta de Corina Fiorillo. La doble tarea de ocuparse de la dramaturgia y la dirección lo acompaña desde la presentación de La mosca blanca, en 2000, antes de recibir frecuentes invitaciones de “lugares exóticos”. En junio, artistas polacos estrenarán La mosca... en Cracovia y Varsovia. Será invitado de honor en Praga, donde se ofrece desde temporadas atrás Volvió una noche, Compañía, Cuarteto y ahora La mosca.... En diálogo con Página/12, Rovner atribuye esa difusión “al éxito brutal de Volvió..., que entusiasmó a los programadores, siempre a la búsqueda de obras”. El trámite fue sencillo: “Me pidieron el texto, preguntaron por los derechos, les interesó y siguieron con las siguientes. Esto pasó hace ya ocho años”, resume.

–En Volvió... mostró el conflicto entre un hijo que no cumple los mandatos y su idische mame. ¿Qué diferencia hay entre la rebeldía del hijo varón respecto de la madre y el cuestionamiento que suele hacer una hija?

–A diferencia del varón, la mujer puede ser normalmente incoherente cuando atraviesa una situación crítica, “un momento de nervios”. Entonces, si lo normal es la incoherencia, es posible ingresar a esa zona que llamaría “el fluir de lo inconsciente”, donde prevalece lo arbitrario, que en Te voy a matar, mamá se conecta con el sufrimiento. La protagonista queda sola. Esto produce un vuelco en su vida. En su repaso, ella culpa a su madre por lo que sufre.

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