Dora, la exploradora


Dora, la exploradora

Eficaz y sencilla aventura de la niña bilingüe de la TV

Enrolada en el creciente subgénero de "teatralizaciones televisivas", esta eficaz aventura de la inquieta niña de peinado envolvente demuestra que lo más importante en este tipo de espectáculos es encontrar maneras imaginativas de replicar lo que atrajo a los chicos al programa, potenciándolo con el frenesí que provoca la interacción en vivo con el personaje.

El mayor acierto de la puesta, que aprovecha trucos escenotécnicos, marionetas y sencillas coreografías para dar vida al también simple mundo de Dora, es la elección de la historia por teatralizar, reconocible para cualquier chico: la pérdida del juguete preferido. Allí van, entonces, la heroína y su fiel amigo Botas, en busca de su osito de peluche y su camión, respectivamente, rumbo a la ciudad de los juguetes perdidos, donde esperan encontrarlos. Por el camino aprenderán a contar, a seguir una secuencia lógica, a recordar un itinerario y a ayudar a los demás. El alivio de reunirse con sus juguetes reemplaza la moraleja, y la enseñanza del inglés -su propósito televisivo- ha sido reducida aquí al mínimo, como también las canciones y los bailes. El viaje es el centro de la historia, y el ritmo nunca se detiene -especialmente tras el arribo de Diego, el primo rescatador de animales de Dora-, aunque hay que agradecer que la puesta elude provocar esos paroxismos de entusiasmo de los niños que los padres suelen tener que templar pacientemente por horas tras la función.

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