Diego Peretti y Erica Rivas: Un tranvía llamado deseo

La amabilidad de los extraños
Protagonizan una nueva versión de Un tranvía llamado deseo, la obra clave de Tennessee Williams que, mediante una atracción que oscila entre la fascinación y el rechazo, describe el enfrentamiento cultural de dos clases sociales.
No hay otro pensamiento en su mente. Erica Rivas deambula entre las butacas del teatro Apolo y piensa en Blanche DuBois, el excéntrico y frágil personaje que Tennessee Williams retrató en la obra Un tranvía llamado deseo y que ahora va a representar en un escenario. Se agarra la cabeza y dice: “¡Ojalá que esté bien!”, como el anhelo que queda después de tanto ensayo, cuando lo único que resta es la respuesta del público. En cambio, su compañero de elenco, Diego Peretti, sueña con que lo odien, que su versión de Stanley Kowalski –interpretado magistralmente por Marlon Brando en el cine– se acerque un poco a aquel ser violento y conservador. Saben que son los protagonistas de un clásico, de una obra maestra que llevó al autor a ganar el premio Pulitzer cuando se animó a hablar, en 1948, de la crisis existencial que provoca en las personas responder a los estereotipos sociales.
Es que si está bien hecha, Un tranvía llamado deseo es una de aquellas selectas piezas que dejan al espectador en estado de shock. Una vez superado ese estado, la gente regresa a casa con una lista de preguntas que tal vez nunca pueda responderse, como ¿hasta qué punto las mujeres son libres en esta sociedad? ¿cuánta violencia se está dispuesto a soportar? ¿hay un camino distinto al statu quo? ¿esta cultura tolera al diferente? Y si no es así, ¿se puede seguir viviendo? Así, que se entiende la presión y la ansiedad de estos actores por transmitir con verdad estas ideas.
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