Claudia Carbonell y Alejandra González: La obediencia

De cómo elaborar el dolor
La obra que presentan en El Camarín de las Musas parte de la correspondencia entre el filósofo vienés Günther Anders y Claude Eatherly, piloto del avión que lanzó la bomba en Hiroshima: un intercambio sin lugares comunes sobre el pacifismo.
En un hospital de veteranos un hombre recibe una carta de Günther Anders, filósofo vienés comprometido con el desarme nuclear. El destinatario de la misiva es Claude Eatherly, el hombre que en 1945 (con sólo 26 años), sobrevoló el objetivo y dio el visto bueno al bombardero Enola Gay para que arrojase la primera bomba atómica sobre Hiroshima. Imprevistamente, entre ambos surge una larga correspondencia que, además de contribuir a la transformación emocional del arrepentido Claude, promueve un espacio de reflexión que apunta a la formación de un movimiento antiatómico y pacifista reconocido internacionalmente. La serie de cartas fue editada con el nombre de Más allá de los límites de la conciencia. Sobre este libro, las dramaturgas Claudia Carbonell y Alejandra González escribieron La obediencia, obra que puede verse los domingos en El Camarín de las Musas (Mario Bravo 960). Producida por el área de artes escénicas de la Universidad Nacional de General Sarmiento, la obra cuenta con la interpretación de Fernando Armani, Mariano Guerra, Amadeo Pellegrino y Carlos Ponte. La dirección es de la misma Carbonell.
Las autoras habían leído hace algunos años la primera carta escrita por Anders. Pero cuando quisieron saber más acerca de esa relación se dieron cuenta de que no había casi información al respecto. “Cuando nos pusimos a investigar –cuentan en la entrevista con Página/12– descubrimos que éste es un caso censurado, explícitamente no difundido. Tampoco es estudiado en el ámbito de la filosofía o de las ciencias políticas, donde la posición de un intelectual como Anders es muy poco conocida”, afirman sobre el hombre que no solamente escribió a Eatherly sino también al hijo de Eichman, “sin obtener en este caso respuesta alguna”, según apuntan las autoras.
–¿Qué valor le asignaron a esa primera carta que leyeron?
Claudia Carbonell: –No se trata de una carta al azar, se trata de una posición teórica acerca del mal, del papel de la ciencia, de la responsabilidad política e incluso del destino de la humanidad.
Alejandra González: –En estos días en particular, después del terremoto y la contaminación radiactiva en Japón, consideraciones tan atinadas sobre el peligro atómico son imprescindibles.
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