Sergio D’Angelo y Héctor Díaz: Los Pollerudos


Guapos decadentes con filosofía tanguera

A partir de improvisaciones, los lugares comunes del tango dicen presente en esta obra que se destaca por su humor absurdo.

Julián y Julián son dos guapos que, lejos de meter miedo, generan compasión. Acaso por estar en decadencia, acaso por estar encerrados en un taller de costura. Rápidamente dejan saber que están rodeados, aunque nunca quede del todo claro por qué o por quiénes. Con el correr de los minutos, los sabrosos diálogos que hilvanan van sugiriendo que el encierro tiene mucho de voluntario. Tal paradoja es el nudo central de Los Pollerudos, una obra rica en posibles lecturas que, tras ser estrenada hace siete días, se puede ver los viernes a las 23 en El Portón de Sánchez (Sánchez de Bustamante 1034).

Los contrastes de una dramaturgia que por momentos mueve a risa surgieron de un proceso creativo conjunto de once meses entre el director de la puesta, Sergio D’Angelo, y sus intérpretes: el actor y bailarín de tango Héctor Díaz y el actor y acróbata Gerardo Baamonde. Cuenta D’Angelo: “Ese efecto paradójico de las acciones no fue algo premeditado, sino que se fue dando. Los textos surgieron a partir de improvisaciones que arrancaban en la cocina de mi estudio, mate en mano, con Héctor y Gerardo charlando desde sus personalidades reales hasta derivar en un intercambio entre personajes creados por ellos mismos en base a lo que venían charlando. Ahí los llevaba a la sala de ensayo, siempre bajo mi mirada. Por eso, lo que se escucha sobre el escenario es nuestro propio discurso respecto de la relación de pareja, la mujer, su ausencia y la relación entre los varones, sólo que llevado a extremos absurdos”. Díaz, a su turno, recuerda que hubo una etapa previa de investigación sobre letras de tango, películas argentinas de antaño y libretos de sainetes.

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