Osqui Guzmán, Marcelo Goobar, Pablo Kusnetzoff y Emanuel Zaldua: El centésimo mono

Jugar al misterio y la comprobación
Osqui Guzmán es el dramaturgo y director de este espectáculo en el que actúan Marcelo Goobar, Pablo Kusnetzoff y Emanuel Zaldua.
Osqui Guzmán ya está listo, y Marcelo Goobar, Pablo Kusnetzoff y Emanuel Zaldua, los tres magos que actúan en El centésimo mono, definen que será Kusnetzoff el que también charle con Página/12 sobre la obra, que narra qué es lo que imagina un mago que está siendo operado y se acerca a la muerte. “Uno no deja de ser mago nunca, ve todo desde un punto de vista mágico”, dice Guzmán, que comprendió esa mirada después de muchas charlas entre los cuatro. “Entonces pensábamos que lo más rico era creer que un mago, en el momento de su muerte, piensa que va a trabajar. Y ahí se despiertan sus deseos, sus pasiones, sus frustraciones, sus obsesiones”, adelanta. A su lado, Kusnetzoff explica que entre los tres muestran diferentes calidades, ideales y pensamientos de mago, “con sueños diversos”. “Creo que ayuda a dar un abanico más grande de las características de los magos, y lo que quieren y desean hacer con su magia”, destaca sobre el espectáculo que se presenta los jueves a las 21 en La Carpintería Teatro (Jean Jaurès 858).
El desafío que se plantearon los magos, y le acercaron a Guzmán para que hiciera la dramaturgia y la dirección, fue cruzar el teatro con la magia. Kusnetzoff recuerda que la intención no era hacer un show de magia entre los tres, sino dar “un salto” en la experiencia artística. “Nos propusimos este cruce que se ve casi imposible porque son mundos, a priori, bastante dispares”, ya que, analiza, “la acción dramática avanza contando una historia, y la magia tiene el riesgo de cortar eso, porque en el espectador el efecto mágico puede generar que se detenga a pensar cómo lo hizo”. “Pero si por miedo a eso la magia queda en un nivel muy bajo de impacto, puede que la gente no viva esa sensación mágica, que quede como un efecto especial de una obra de teatro”, completa. Y Guzmán agrega que al trabajar con actos de magia que “tienen su propio mundo”, tuvieron que encontrar qué situación dramática abría la puerta para un efecto mágico, y qué efecto mágico abría la puerta para una situación dramática. “De esa manera es que fuimos tejiendo la obra”, explica.
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