Mauricio Kartun
Mauricio Kartun
Dramaturgo es una palabra un poco solemne, algo fría y áspera, sobre todo si suena fuera de contexto. Al pronunciarla o leerla uno puede llegar a imaginar a una persona con esas mismas características. Tratándose de Mauricio Kartun, nada más alejado de eso. Kartun, además de ser uno de los autores teatrales (dramaturgo, claro) más prolíficos de la Argentina (El niño argentino, Ala de criados) y un referente ineludible de la escena local, es una hombre llano, fresco, relajado y divertido. Con él, el prejuicio que impone el léxico queda totalmente perimido. “Me lanzo a cada pieza nueva como al mar en la noche, por decirlo de una forma un cacho cursi. A veces las nado como un olímpico y otras me revuelcan como a vieja en la rompiente”, se anima a decir sin pudores y con mucha chispa.
Siguiendo ese esquema, Kartun resulta la persona indicada para indagar acerca de cómo un escritor se vuelve dramaturgo. ¿Cuándo sucede ese salto? “Por el oído”, responde. “La dramaturgia se hace en la oreja. Es una mezcla inefable de mímesis, poesía y música interna. Los que escriben son los personajes y uno les presta la boca. Es un procedimiento interno diferente, otras sinapsis. Por eso al escritor literario le cuesta tanto la conversión de norma: hay que armarle a las neuronas todo un mapa carretero nuevo”.
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