Hugo Alvarez: La importancia de llamarse Ernesto


“Coloca frases inteligentes hasta en los más estúpidos”

“Las metáforas de Wilde siguen vigentes, se mantiene intacta su riqueza lingüística y vigente su ironía”, sostiene el actor y director, que ensayó nuevos giros temporales para la pieza clásica que servirá para reabrir la sala Corrientes Azul.

Las obras del dramaturgo, poeta y novelista irlandés Oscar Wilde impresionaron desde siempre al actor y director Hugo Alvarez, quien, ahora, en la reapertura de la sala Corrientes Azul, no vaciló en llevar a escena La importancia de llamarse Ernesto (The Importance of Being Earnest), junto a su grupo Mascarazul. Una comedia de 1895 que retrata con ácido humor dobleces y mentiras en personajes de una determinada época y clase social. La trama envuelve, entre otros, a Lady Bracknell, “símbolo de la era victoriana”, y al caballero inglés Jack Worthing, tutor de la joven Gwendolen que debe aparentar seriedad e inventa la existencia de un hermano menor al cual necesita proteger (Earnest). Así excusa sus prolongadas ausencias. Jack es tan afecto a las juergas como su compinche aristócrata Algermon Moncrieff, quien a su vez idea a Bunbury, un amigo enfermo al que, supuestamente, asiste. Esta es en líneas generales la categoría de los personajes de un enredo, hoy convencional, en el que domina el arte de la evasión (la práctica bunburying).

Wilde bromeó e intrigó con los nombres de sus personajes. Earnest proviene de earnest (serio) y los apellidos, de ciudades. Un ejemplo es Worthing, donde este autor escribió La importancia..., pieza estrenada en el St. James Theatre, de Londres, tres meses antes de ser condenado a prisión. En la versión de Alvarez, abreviada respecto de la obra original, el tiempo toma otra dimensión: “Arranqué en 1884 y finalicé en la década del ’60, con la aparición de The Beatles”, señala el director en su diálogo con Página/12. Un recorrido en el que se produjeron cambios trascendentales, que –según Alvarez– no desdibujaron lo fundamental de la producción de Wilde. “Sus metáforas siguen vigentes, se mantiene intacta su riqueza lingüística y vigente su ironía, aplicada a una clase parasitaria y a sus prejuicios culturales y sociales”, puntualiza.

–¿Sólo a una clase con dominio económico y político?

–No, porque proyectó los prejuicios a otras clases. La institutriz muestra actitudes tan pacatas como la misma Lady Bracknell. Tampoco se salvan los criados. La diferencia con mi puesta es que ésos son personas colonizadas. Uno tiene origen indio y otro persa.

Más en Página/12

La ficha

Comentarios

Entradas populares de este blog

Andrea Gilmour

Raúl Baroni, Lorena Romanin y José Maldonado: Bernarda Alba al desnudo, Julieta y Julieta, y Estúpidamente Medea

Maruja Bustamante: Una forma más honesta