El León de la Metro


Dos decadentes compañeros de ruta

La obra sigue a una pareja de sobrevivientes de un circo que se incendió en su derrotero de pueblo en pueblo, donde intenta en vano conseguir algún voluntario para un match de boxeo contra el hombre. Y un misterio no develado alimenta las fabulaciones de ambos.

Sobrevivientes de un circo que ardió, los personajes de El León de la Metro peregrinan de pueblo en pueblo, intentando armar un show para no desfallecer por hambre. “¡A la comida hay que ganársela!”, grita el hombre, León, como si ese mandato y su desaforado grito menguara el desamparo en que se encuentra. Este León que ruge, queriendo ser tan famoso en el boxeo como el que acabó siendo un logo de las películas de la Metro, es un individuo en bata de pelea, pero en decadencia. Sueña también con ser otro León, Trotsky, amado por la pintora Frida Kahlo. Esa es una de las razones que fuerza a la mujer de esta historia –la partenaire y presentadora que lo califica de “campeón de peso minimosca de todos los tiempos”– a vestir adornada a la manera de la artista mexicana, sólo que su atuendo está confeccionado con viejos retazos. Pero esa transformación pictórica no atrae a los lugareños. ¿Qué tal entonces si cambiamos de traje? Las propuestas surgen invariablemente de la mujer, porque en ese deambular a dúo ella es la que inventa y configura situaciones nuevas para entusiasmar a los habitantes de cada pueblo, prometiéndoles un espectáculo de fuerza y coraje. Su convocatoria está dirigida a los pobladores que quieran desafiar en un match de boxeo al aguerrido León (papel que asume León Iskovich, bailarín de tango formado con Rodolfo Dinzel y Carlos Rivarola). Puro deseo, claro, porque tiene que vérselas con la indiferencia de los lugareños, el inestable humor y los arranques autoritarios característicos de su compañero de ruta.

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Lugar: Teatro del Abasto, Humahuaca 3549 (4865-0014), los jueves a las 21.

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