Mónica Viñao: Caer en amor
Nota del 22 de enero
Ese acto irracional
La directora trabajó junto a los actores, motivada por la traducción literal de la frase to fall in love. El resultado podrá verse los viernes a las 21 en El Camarín de las Musas.
“Amor no mira con los ojos, ve con el alma y por eso pintan a Cupido ciego y alado”, dice el personaje de Helena de Sueño de una noche de verano, de William Shakespeare, y completa: “En la mente de Amor no se ha registrado señal alguna de discernimiento”. Mónica Viñao compuso Caer en amor, una obra “sobre situaciones universales y contemporáneas que tratan sobre el amor”, tomando textos del dramaturgo isabelino. El espectáculo fue concebido a partir de la lectura grupal entre los intérpretes y la directora, quienes no querían en modo alguno que, para que fuese comprendido, el espectador tuviese que ser un especialista en la obra de Shakespeare. De modo que cuidaron que “cada escena tuviese en sí misma el núcleo más importante de la obra”, según explica Viñao. Así encontraron su lugar los momentos que componen Caer en amor, a estrenarse en el Camarín de las Musas (Mario Bravo 960) el próximo viernes, con Deborah Bianco, César Repetto, Sergio Pelacani y Cecilia Wierrzba. “Habrá monólogos, escenas con mayor desarrollo, viñetas, canciones, coreografías”, adelanta. Además de Sueño..., los textos pertenecen a Hamlet, Como gustéis, La fierecilla domada, Antonio y Cleopatra, Noche de Reyes y Romeo y Julieta.
Viñao tiene una larga trayectoria en el teatro alternativo, pero también realizó puestas en el circuito oficial. Estrenó en dos oportunidades en el Cervantes y el San Martín: en 2009 dio a conocer Paisaje después de la batalla, de Ariel Barchilon, obra de ambiente histórico, “con un alto contenido de violencia”, según subraya la directora. Después de ese estreno, a Viñao no le resultó fácil determinar cuál sería su próximo proyecto: “Había puesto tanto en ese deseo de estrenar en el San Martín que no sabía cómo seguir después de haber tenido la posibilidad de hacerlo”, sostiene. No descartó el proyecto de estrenar por primera vez en la calle Corrientes, por el deseo de hacer algo que en otro momento de su carrera hubiese rechazado de plano. “Hoy se hace Pinter y Miller en ese circuito y no hay nada de malo en pensar en dirigir a actores que sin una producción mediante no podría convocar”, reflexiona. “Me gustaría probar algo diferente y saber que puedo seguir siendo yo misma.” Sin embargo, ese proyecto todavía está en carpeta.
La directora fue responsable de las puestas de La mujer del abanico, de Mishima, y Carmen, de Bizet y Finlandia, de Monti, entre muchas otras. Y no importa la temática que aborden, sus puestas siempre tienen un refinamiento singular. “Eso pasa, pero a pesar de mí”, confiesa la directora, quien sabe que su marca de estilo es una combinación de economía de elementos, condensación y sutileza. No obstante, a veces le da miedo que sus elecciones le parezcan al espectador carentes de emoción. “Siempre me preocupa el espectador: sin él no hay teatro”, asegura.
–¿Por qué habla de caer en amor y no de enamorarse?
–Lo que me atrajo de la expresión to fall in love o, literalmente, caer en amor, es la imagen que me genera: alguien tropieza, se lanza o precipita en un pozo o lago. Es un acto irracional pero placentero.
Más en Página/12
Sobre el método Suzuki
Comentarios