Marcelo Katz y Marcos Arano: Hazañas
“No hay que ser resultadista”
En su nuevo espectáculo, al aire libre y pensado para toda la familia, le dan a la “hazaña” un sentido menos convencional: “Es dejarse ver como es uno en su vulnerabilidad”. Los clowns muestran simpleza, poesía, humor y, sobre todo, mucha empatía con el público.
De un espectáculo de payasos que lleva por nombre el ambicioso Hazañas sería lógico esperar a tipos que caminen sobre cuerdas o que jueguen con fuego, o mujeres danzando entre telas. Pero la apuesta de Marcelo Katz y Marcos Arano –y su manera de pensar al clown– pasa por otro lado: simpleza, poesía, humor y, sobre todo, mucha empatía con un público de edades heterogéneas. Se trata de un espectáculo esencialmente físico montado en un lugar ideal para las últimas tardes de verano (viernes a las 19.30, sábados y domingos a las 19 en el Patio del Aljibe del Centro Cultural Recoleta, Junín 1930). Y tiene una vuelta filosófica no buscada al cuestionar el concepto que da el título a la puesta. Aquí, las hazañas son pequeños desafíos en los que un numeroso grupo de clowns pone todo su empeño.
Tocar una guitarra entre dos, bailar tap a los 87 años e intentar la telepatía, son sólo algunos ejemplos de hazañas. Hay éxitos y fracasos y, claro, distintas formas de relacionarse con eso. Katz, creador y director de La Trup hasta 1996 y responsable de numerosas obras para grandes y chicos como Allegro ma non troppo, Elemental, Ilusos y Tempo, ha dejado el circo hace rato, pero sabe que su pasado todavía se filtra en lo que hace. “Hazañas no es de circo para nada, pero justamente las hazañas tienen que ver con él”, sostiene. En este espectáculo participan dieciséis clowns acompañados por una banda de músicos, todos ellos estudiantes de la escuela que Katz fundó a fines de los ’90. Según le cuenta a Página/12, la creación fue colectiva y partió de ejercicios clownescos que, como se estila, bucearon en la subjetividad. “Veníamos entrenando, transitando las cosas que las hazañas dan: me sale, no me sale y qué hago con eso. Es un material que nos gusta. En el Recoleta nos ofrecieron hacer algo en el verano, en un momento en que estábamos enfocados con las hazañas, sin ningún otro fin que el pedagógico. Entonces unimos todo.”
–¿Cuál es la definición de “hazaña” que plantea el espectáculo?
Marcelo Katz: –Una hazaña es algo que mueve los límites de lo humano un poquito más allá, que expande las fronteras habituales de lo que se puede hacer y que puede salir o no. Y cuando la posibilidad de no salir existe, está la característica de la hazaña. En el espectáculo, la hazaña no es lo que ve el público, sino lo que significa para el que la lleva adelante. En el clown lo importante es lo que siente el clown con lo que hace, más que lo que hace.
Marcos Arano: –Es hacer único ese hecho, por más cotidiano que sea. Algunos números son tonterías absolutas, pero se valoran por el esfuerzo que demandan y el éxito y el fracaso que ponen en juego. Se trata de extrañarse un poco de esas cosas. Un ejemplo es el caso de un pibe que cronometra perfectamente sus piruetas y las hace en el tiempo que tarda en salir el pan de la tostadora. Esa es una gran hazaña para ese clown. Y para otro lo es embocar un balero. Todo el mundo camina, pero cuando un nene camina por primera vez es una hazaña porque él se está jugando el mundo.
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