Lorenzo Quinteros y Bernardo Cappa: Pezones mariposas


Cuando el fútbol entra en una zona turbia

La obra que se verá en El Camarín de las Musas está ambientada en el buffet apestoso de un club de barrio donde se cruzan un ex jugador decadente, otro más joven que prometía pero ya no y un miembro de la comisión directiva.

Los separan más de veinte años de edad pero, aunque nunca habían trabajado juntos, ambos conocían bien la labor del otro, se respetan y admiran, aunque les dé algo de pudor admitirlo. Uno está entre las figuras más experimentadas de la escena local. El otro es uno de los creadores jóvenes más inquietos del circuito alternativo. Los caminos de Lorenzo Quinteros y Bernardo Cappa se cruzan por primera vez en Pezones mariposas, protagonizada por el primero junto a Darío Levy y Fernando de Rosa, con dirección y dramaturgia de Cappa. Este proyecto se demoró casi un año tras el accidente sufrido por Quinteros cerca de Campana, en febrero del año pasado, cuando un camión destrozó la mitad de su auto. Después del shock traumático, la recuperación de la memoria y los meses de rehabilitación física del notable protagonista de puestas como Marat-Sade, de Peter Weiss, y Fin de partida, de Samuel Beckett, el proyecto llega a buen puerto. La pieza ambientada en el buffet apestoso de un club de barrio donde se cruzan un ex jugador decadente, otro más joven que prometía pero ya no y un miembro de la comisión directiva, se presenta desde hoy todos los viernes a las 23 y sábados a las 21 en El Camarín de las Musas (Mario Bravo 960).

En charla con Página/12, Quinteros señala sobre el creador de Amor a tiros, La funeraria y Los Rocabilis: “Me atrae su trabajo con los actores, cómo va creando la dramaturgia en los ensayos y en las improvisaciones a partir de lo que él propone y de lo que genera el elenco. Y me gusta el resultado: una poética con un humor que nace de elementos simples y cotidianos”. El hijo de Angel Cappa (actual director técnico de Gimnasia y Esgrima La Plata) agrega: “Lorenzo siempre fue una referencia para mí. El otro día, en una pasada con público, uno lo veía actuar y veía teatro en él, en su piel, en sus ojos. Creo que se aprende teatro viendo buenos actores porque hay algo intransmisible que está en los cuerpos”.

Cappa cuenta que hace tiempo que tenía ganas de vincular el fútbol –un deporte que mamó desde chico y practica con placer– con el escenario y, con esa intención, se fue a entrenar al Sportivo Teatral, el estudio de Ricardo Bartis, donde comenzó a esbozar el clima de la obra. Más tarde invitó a Quinteros a sumarse al proyecto, se produjo el accidente y recién en la segunda mitad de 2010 retomaron los ensayos. “Bartis me ayudó a organizar el imaginario, a hacerlo más humano. Porque como el fútbol está tan metido en nuestras vidas, la gente lo conoce, lo discute y se arma su propia mitología, es necesario correrlo de la escena más corriente”, explica. Así surgió la idea de ubicar la anécdota en el buffet, mientras que las criaturas que lo habitan se fueron delineando en el proceso de ensayos. “Mi personaje es un ex jugador venido a menos que vive en el buffet del club, al que descuida totalmente. Sueña con salvarse llevando a Bolivia a un jugador que jugó bien, pero que es evidente que ya fue: está fuera de estado y con sobrepeso. Y el tercero es un integrante de la comisión directiva que viene a decirle que tiene que dejar el buffet porque el club lo dio en concesión”, describe Quinteros. Cappa agrega: “Quedan atrapados en una red afectiva y nosotros no les buscamos una solución, dejamos que esa red produzca un lenguaje, que es un lenguaje extravagante, porque las emociones en juego lo son. Son afectos raros, no son elaborados, son miserables”.

–¿Cuáles son las motivaciones del trío?

Lorenzo Quinteros: –Cesáreo tiene un viejo rencor porque nunca fue recordado como una figura importante. Era más un armador, el que hacía los goles era el padre del que viene a decirle que se vaya. Por eso se engancha con el jugador y quiere hacerlo triunfar, aunque todo demuestra lo contrario. Busca que lo quieran, busca ser reconocido.

Bernardo Cappa: –No quiere perder el afecto del jugador. Lo ilusiona porque lo quiere cerca, mientras que al tipo no le queda otra. Y al tercero le cuesta decirle a Cesáreo que se vaya porque jugaba con su padre, pero no tiene el coraje de no hacerlo, ni de asumir alguna responsabilidad al respecto. Quedan empantanados en esa mediocridad.

Más en Página/12

La ficha
Construcción imaginaria

Comentarios

Entradas populares de este blog

Andrea Gilmour

Raúl Baroni, Lorena Romanin y José Maldonado: Bernarda Alba al desnudo, Julieta y Julieta, y Estúpidamente Medea

Gabriela Toscano y Carlos Rivas: Hamlet, la metamorfosis