Drácula, el musical

Drácula, el musical

Juan Rodó ahora está acompañado de auténticas revelaciones en los papeles protagónicos

Para quienes estuvimos presentes el día del estreno de Drácula, el musical, allá lejos, en agosto de 1991, es muy difícil olvidar algunas postales. El escenario del Luna Park era imponente. La escena de la tormenta, inmensa, que Cibrián resolvía con tan poco: decenas de actores corriendo debajo de una inmensa sábana que cubría las gradas del sector del estadio que da a Lavalle daban la sensación de un oleaje clamante. Esos gitanos que danzaban en la penumbra, cargando ataúdes; la sombra de Drácula ocupando la inmensidad del Luna Park y esos 64 artistas tan potentes. Todo era grande.

Fue una cosa y esta es otra. Este Drácula más íntimo, hecho para el pequeño escenario del Astral no tiene esa grandilocuencia creativa, está mucho más cerca, tiene más costuras. Pero sigue siendo Drácula .

Cuando sus hacedores hablaban de un nuevo montaje, de ajustes y cambios no se trataba sólo de un discurso de avance. Tanto Mahler en su partitura, como Cibrián en su libro han hecho modificaciones importantes. En la música es donde se ven los mayores cambios. Angel Mahler, con el aporte de su hijo Damián (jovencísimo talento en crecimiento feroz) ha sumado melodías, ha reinterpretado otras y se dio el gusto de hacer algunas exquisiteces instrumentales, como en el solo de Drácula. Los violines, en este montaje tienen un papel protagónico en lo musical.

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