Ciudades Paralelas

Sobre una fascinante y misteriosa Buenos Aires
Festival de performances e intervenciones urbanas
El formato tradicional de los festivales internacionales suele comenzar con un gran evento artístico que se transforma en un hecho mediático. Ciudades Paralelas, no.
Viernes pasado, 12 del mediodía. Hace más de 35 grados. Lo que se dice, estalló el verano. Quince personas se encuentran en la puerta de un teatro para dirigirnos hasta Munro. Allí tendrá lugar La fábrica , el proyecto del argentino Gerardo Naumann.
Un festival internacional de teatro suele tomar una gran sala teatral y usar a la ciudad como si fuera una gran pantalla escenográfica. No es el caso. Por eso, ahora, hay que tomarse una combi hasta la periferia. El viaje en sí mismo es un ejercicio de extrañamiento. La primera parada es en una calle de Munro en donde, paradita en una vereda, está Delia, la que limpia la fábrica de Cera Suiza (la del tarro rojo). La escuchamos, aunque estemos lejos de ella, porque tenemos puestos unos auriculares (recurso que se utiliza en cuatro de las ocho experiencias de este festival que culmina el domingo). A lo largo de una hora, se escuchan los relatos de la persona que limpia, el de un operario que realiza una coreografía perfecta con sus manos y su rodilla para hacer andar una máquina, el del capataz, el de un suizo que está haciendo una pasantía allí, el de la secretaria y el relato en off del presidente de la empresa. El recorrido incluye al penoso comedor, las cintas en donde se empaquetan los productos, el mínimo espacio en donde los 27 operarios se cambian, las oficinas con mobiliario del 70 y la sala de reunión en donde se analiza el movimiento de la competencia mientras, abajo, la realidad laboral estremece. Fin. No, no termina ahí. El viaje hasta el centro se hace corto porque el cruce entre las diferencias de clases, la precariedad laboral, las anécdotas mas tiernas o las sonrisas nerviosas estremecen.
Más en La Nación
Comentarios