Ingrid Pelicori

Ingrid Pelicori

Estado de alerta. Es la Gallega en “El Conventillo de la Paloma” y una gran lectora de poesía, pasión que heredó de su padre, Ernesto Bianco.

Mi gusto fue temprano por la poesía. Siempre fui muy lectora y todavía tengo libros de mi padre, Ernesto Bianco, dedicados por Molinari, Enrique Molina. Tengo una foto suya junto a Borges, en una lectura. Lo vi hacer espectáculos de poesía: asistí al texto dicho, a su oralidad. Cuando él murió, me llamaban desde diversas editoriales para las presentaciones que él ayudaba a llevar adelante.

No había hecho sainete, bueno es un género que se hace bastante poco. Soy La Gallega en El conventillo de la Paloma.Es grato. Es el mismo personaje que, en la versión anterior del Cervantes, hacía María Rosa Gallo, mi tía. La obra tiene una proporción de condimentos infalibles. Siempre se vuelve un espectáculo querible. Una celebración de nuestras raíces.

Nunca di clases de nada. Pero me llamaron alguna vez para enseñar a leer poesía. “Quiero hacer eso que vos hacés”, fue el pedido de una psicoanalista. Y después tuve algunos alumnos durante años. Regla básica: hay que entender lo que uno está leyendo y ofrecerse uno para que eso que se está ofreciendo aparezca más pleno.

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