Gabriel Chame Buendía: Llegué para irme

“La risa es una manera de soltar el miedo a la muerte”
El fundador del mítico Clú del Claun y maestro en tres países desde hace un cuarto de siglo volvió a Buenos Aires para presentar Llegué para irme. “Es un espectáculo muy físico. Es de humor, pero no totalmente. Tiene muchos colores diferentes”, adelanta.
Hay grupos de Facebook que funcionan como termómetros de situación, así como las conformidades se materializan en un “me gusta”. Son dudosos e inexactos, pero anecdóticos. La sorpresa invadió a Gabriel Chame Buendía cuando descubrió que un par de personas se había unido en la virtualidad bajo el lema “Yo hice clown con Gabriel Chame Buendía”. El número de “habitantes” es reducido, apenas unos 64. Claramente las cuentas no dan, porque Chame Buendía lleva más de veinticinco años dando cursos, en la Argentina, Francia y España. Sí, vive viajando, un rato en cada país. Su realidad es la del clown y la valija. Ahora acaba de instalarse en Buenos Aires para presentar su espectáculo Llegué para irme, del que ofrecerá seis funciones en Timbre 4 (México 3554), los viernes a las 21. Y, como suele hacerlo en sus visitas, ofrecerá seminarios destinados a los payasos en formación que, como los integrantes del grupo de Facebook, quieran lucir la invisible –o ya no tanto– camiseta de discípulos.
Lo que la red social no da son las razones: a este clown se lo recibe con ganas porque fue fundador –junto a Batato Barea, Guillermo Angelelli, Hernán Gené y Cristina Moreira– del Clú del Claun, símbolo del under de los ’80. Entonces comenzó su ruta clownesca, imparable y prolífica, cuando tenía veintitantos. Con ese grupo conoció los viajes y luego los tomó como forma de vida. También fue el clown del Cirque du Soleil entre 1999 y 2003, lugar que hoy ocupa otro argentino, Toto Castiñeiras (ver recuadro). Y cuando se lo ve y se conversa con él, salvo por sus rulos alborotados, lo que menos podría pensarse es que Chame Buendía es un payaso. Un payaso que se dirige a adultos, además, porque ése es su público por excelencia. No es ni inquieto ni alocado en exceso. Si hace chistes, son medidos, calculados. Su physique du rol da, más bien, con el de “un cineasta vanguardista”. De chico se proyectaba como eso, cuando comenzaba a brotarle el deseo de ser artista.
Más en Página/12
El cine, un mundo nuevo
La fábrica del Cirque
Comentarios