Festival Ciudades Paralelas

La ciudad y sus dobles
Un festival de teatro que tomará por asalto diferentes lugares de la ciudad –shoppings, estaciones de tren, hoteles, fábricas– en busca de sumergir al espectador en los pliegues de la ciudad, donde habitan otras ciudades posibles.
Hay en el concepto del Festival Ciudades Paralelas cierto aire a insurgencia setentista que ningún argentino contemporáneo puede darse el lujo de ignorar. La idea de convertir durante casi diez días a Buenos Aires en una ciudad-blanco y poner algunos de sus espacios públicos en la mira ya huele a pólvora estetizada. Cada obra del festival tiene su título propio; algunos son líricos (El volumen silencioso, A veces creo que te veo); otros son secos como partes sociológicos (Mucamas) o tautológicos como epígrafes conceptuales (Fábrica). Pero las obras de Ciudades Paralelas se designan, se discuten y muy probablemente se recuerden por el nombre genérico del lugar que las inspiró (y que difícilmente vuelva a ser lo que era después de haber sido habitado por ellas): “hotel”, “fábrica”, “biblioteca”, “shopping”, “estación de tren”, “casa”, “corte”, “terraza”. Esos lugares no son escenarios; son targets de una fuerza de ocupación que ha cambiado los AK47 por las armas de la instalación, el détournement, la performance.
El eco no es del todo casual. Casi al mismo tiempo, los años ‘70 inventaron la noción artística de site-specific (obras concebidas para existir en un lugar determinado) y la práctica excitante del copamiento urbano, una línea de acción altamente popular entre las organizaciones armadas de la época. Una misma apuesta por el lugar como condensado de experiencia, comportamiento y sentido articula el arte de ambiente y la inteligencia guerrillera. Mutatis mutandis, no es difícil imaginar a Stefan Kaegi y Lola Arias, los curadores del proyecto, desplegando con su comando de artistas (dos alemanes, dos suizos, tres argentinos, dos ingleses) un mapa de Buenos Aires y marcando con chinches de colores sus objetivos estratégicos, réplicas locales de los que hace un par de meses eligieron en Berlín para inaugurar el festival y precursores de los que elegirán el año que viene, para continuarlo, en Zurich y en Varsovia: el Hotel Ibis de Congreso (Lola Arias), la fábrica de cera Suiza de Munro (Gerardo Naumann), el Palacio de Justicia (Christian García), cuatro centros comerciales (grupo Ligna), la Biblioteca Nacional (Ant Hampton-Tim Etchells), cierto edificio de viviendas de la calle Beruti (Dominic Huber), una terraza de Congreso (Stefan Kaegi), la estación de tren Palermo (Mariano Pensotti). Más que como escenarios, esos enclaves fueron elegidos como targets. Todo lo que se haga en ellos existirá en función de ellos, de sus funciones urbanas, sus propiedades institucionales, sus reglas de juego, sus usos cotidianos. Pero todo lo que se haga en ellos los transformará, o transformará al menos el modo en que a partir de entonces empezaremos a percibirlos.
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