El panteón de la patria

Collage de civilización y barbarie
La puesta de Guillermo Cacace de la obra de Jorge Huertas muestra a próceres argentinos en situaciones que conectan con la violencia, las ruindades de la política y el erotismo, conformando un “diálogo” virtuoso entre el texto, la danza y la música.
Ni el panteón de la historia está sellado ni los restos de los próceres descansan en esta obra de Jorge Huertas, psicólogo, autor de piezas teatrales, novelas y guiones para TV. El por qué y para qué lucharon estos ilustres de la historia será un interrogante al final de la obra. Con un lenguaje que aparenta ser de combate, como el paisaje, la narración se cruza con una coreografía que delata violencias pasadas y presentes. Los personajes recorren la escena o son arrastrados o transportados como gente apresada o herida. Son pocos y se sabrá de inmediato a quiénes representan. Una primera pregunta es cuánto vale en esa desolación el gesto rebelde y el sarcasmo que desafía el poder de la muerte. A partir de supuestos considerados históricamente reales, el montaje de Guillermo Cacace se abre a un teatro que extrema voces y gestos a través de personajes que provocan porque no se avienen a convenciones que en otro contexto serían valoradas como positivas. Por el contrario, ellos reflejan una imagen distorsionada del ser que combate (o ha combatido), y lo expresan con el cuerpo y la palabra.
Encajonados en una escenografía de tinte apocalíptico, imaginada para la obra por Félix Padrón, los ilustres en conflicto son el general José María Paz, apodado el Manco Paz (interpretado por Horacio Acosta), y un exaltado Domingo Faustino Sarmiento (Iván Moschner) que dispara por la escena como si lo persiguiera el diablo, y se descubre erótico y untuoso ante la amante que protagoniza aquí la destacable Carolina Adamovsky. En ese acotado campo de batalla –especie de barraca de feria poblada por seres de ultratumba– se encuentra el cordobés Manco Paz, de quien la historia cuenta que estuvo ocho años prisionero; que hizo lo imposible para obtener la anuencia que le permitiría casarse con su jovencísima sobrina Margarita Weild; y que, prisionero del caudillo santafesino Estanislao López, fue condenado a muerte por Juan Manuel de Rosas, pero logró huir a Montevideo y asilarse en Brasil. De Paz, “republicano conservador”, cuyos restos fueron llevados finalmente a Córdoba, Sarmiento escribió que “tenía la virtud de hacerse impopular”.
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Sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín, Av. Corrientes 1530. Funciones de miércoles a domingo, a las 21. Entrada: 45 pesos; miércoles, día popular: 25 pesos.
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