Bernardo Carey: Imberbes

“En un clima de represión es difícil estar solo”
El dramaturgo, novelista y cuentista ambientó su obra en una librería, lugar en el que trabajó durante quince años. Y sus personajes, dice, “aspiran a una justicia social y a esa cosa picante del cambio que tenía presencia en los ’70”.
El título original era Imberbes en la librería, pero su autor, Bernardo Carey, decidió que bastaba con Imberbes, calificativo con resonancia política, sobre todo en una obra que resume un período bisagra de la Argentina, el que va de 1964 a 1978, retratado en escena de manera fragmentada y vertiginosa. En el imaginario político, el término remite al utilizado por el ex presidente Juan Domingo Perón en su discurso del 1º de mayo de 1974, desde el balcón de la Casa Rosada, al referirse a las organizaciones revolucionarias. El resultado fue entonces el retiro de las columnas de Montoneros y Juventud Peronista entre cánticos de desaprobación: “¡Aserrín, aserrán, es el pueblo el que se va!”. Carey no explicita ese asunto, pues no es por allí donde encamina esta Imberbes que acaba de estrenarse en el Teatro del Pueblo, dirigida por Jorge Graciosi: “No digo que algunos de mis personajes sean esos mismos imberbes –apunta–, pero sí que, como aquéllos, aspiran a una justicia social y a esa cosa picante del cambio, que además tenía presencia en la vida cotidiana de la época”.
Librero durante quince años, el dramaturgo supo de aquellas ambiciones, que además percibió en sus clientes-lectores de la librería donde trabajaba. De ahí que sea justamente una librería el lugar en el cual transcurre una historia que abarca años y rescata nombres de autores hoy poco o nada leídos. “Me pasaba seis horas en la Librería Santa Fe, que ya tiene cinco sucursales”, cuenta Carey. El dueño, Rubén Aisenberg, vino a ver Imberbes, y se sorprendió. “Es cierto que es una obra fragmentada, pero así era mi vida, porque estaba allí pero también en otros menesteres. La diferencia es que aquello era un trabajo y un placer enorme: había tiempo y ganas para charlar con el cliente, que generalmente acudía a la memoria del librero y a sus conocimientos.”
–¿Y usted cumplía con esa regla de la época?
–Sí, en todo lo que estaba a mi alcance. Mi idea era que, desde mi función de librero, debía, por lo menos, alumbrar una conciencia a través de la recomendación de un libro o aportando alguna sugerencia. La gran satisfacción la tuve dos años atrás, cuando leí un reportaje que le hicieron a la periodista y escritora María Moreno en el suplemento Radar. Ella contaba que el primer libro que leyó fue una novela de la serie Claudine, de la francesa Colette. Ese libro se lo recomendé yo. Sentí que aquella actitud mía de estar cerca del cliente tenía sentido. Pude conocer a gente muy interesante en ese trabajo. También iba a la librería Juan Carlos Alsogaray, militante asesinado durante el Operativo Independencia, llevado a cabo en Tucumán. Y otros, algunos de ideología fascista.
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