Mariano Moro y Merceditas Elordi: Porque soy psicóloga

El humor tiene forma de diván
El autor y la actriz del unipersonal que se presenta en la Facultad de Psicología apelan a “lo oscuro que tiene el humor” y hacen una salvedad: “No todos los psicólogos trabajan mal. Pero los que trabajan bien no son interesantes en un escenario”.
Cuando terminó la secundaria, Mariano Moro eligió la carrera que le permitiría interiorizarse en su principal inquietud: la condición humana. Optó por Psicología, claro. “Tenía una gran inocencia, pensaba que iba a saber todo. Pero encontré un pantano en el que el agua estaba cada vez más turbia”, recuerda sobre sus años en la Universidad Nacional de Mar del Plata. Cuando estudiaba, comenzó a aflorarle el deseo de ser actor. El teatro ganó terreno y se volvió dramaturgo y director. ¿Qué hizo con su título de psicólogo? No mucho, apenas dos residencias. Pero no fue por las imposibilidades de un mercado poblado de profesionales. “Hago teatro para no ser psicólogo. Hubiera sido nefasto”, confiesa. “No tengo la estabilidad ni el deseo de hacerme cargo de la mierda de todo el mundo. ¿Con qué va la gente a la terapia? Con eso que no puede resolver. Y siempre con lo mismo, además, porque todos chocamos siempre con la misma piedra. Luego la gente no supera sus problemas y la culpa la tiene el psicólogo.”
Moro reconoce que el deseo de ser actor partió de “una pulsión exhibicionista”. Esa lectura sobre sí mismo evidencia que su visión del mundo está atravesada por la carrera que eligió. En efecto, en la charla con Página/12, aclara cuándo habla “desde el lugar de psicólogo”. Algunas de sus obras abordan la temática psicológica, como Egualité y Guantánamo y Porque soy psicóloga, que tras dos temporadas en Mar del Plata llegó a Buenos Aires (los viernes a las 20.30 en la Facultad de Psicología de la UBA, Independencia 3065, con entrada gratuita). Es un unipersonal humorístico acerca de una relación particular: la de la psicóloga Margarita Gallenblasse con su analista. Interpretada por Merceditas Elordi, Margarita tiene serios problemas que resolver: el agotamiento y el rechazo que le producen algunos de sus pacientes, alguna que otra historia de amor trunca, la competencia con su hermana. Se desploma en el diván y obedece al mandato freudiano de la asociación libre. Su psicólogo, a quien llama “Lacan de pacotilla” y con quien también compite en relación con la profesión que comparten, es de esos que se limitan a escuchar. Ni siquiera toma nota. Directamente, no responde.
–El volante que entregan al ingresar en la sala dice que la obra “es un homenaje” a sus ex compañeros. ¿En qué sentido?
Mariano Moro: –También a mis profesores, pero no a todos. Hay un estado de persona que trabaja en la psicología que está muy mal (risas). En la mujer es más fuerte porque tiene una afectividad más transparente y más directa, entonces es mejor para el teatro. La obra no pretende decir que todos los psicólogos trabajan mal. A los que trabajan bien los admiramos y respetamos, pero no es interesante subirlos a un escenario.
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