Festival Ibsen y Todos los grandes gobiernos han evitado el teatro íntimo

Noruega respira el mejor teatro del mundo
Daniel Veronese representa a la Argentina en el selecto grupo de obras internacionales que integran este evento cultural europeo
OSLO.- El alcohol es caro en Noruega: los impuestos a la bebida son muy altos. Pero hay otras posibilidades de embriagarse. De cultura, por ejemplo. Hay bares de jazz y de rocanrol por donde se busque. Y con sólo pisar la plaza que antecede al Parlamento, uno se siente atrapado por unas voces líricas que reúnen no a docenas, sino a cientos de personas. Es que desde el viernes último hasta el 19 de este mes, Oslo se viste de esmoquin para recibir a su Festival de Opera. A unas cuadras, un sinnúmero de galerías de arte se dan la mano, mientras el gran Vigeland vigila desde el corazón verde de la ciudad, con sus esculturas convertidas en patrimonio de la humanidad. Pero ¿la locura cultural pasa sólo por la música o las artes plásticas? Basta hacer unas cuadras por la pomposa Karl Johans Gate para toparse con un edificio que cualquier amante del teatro puede sentir palpitar. Muy fuerte. Es el Teatro Nacional de Noruega (Nationaltheatret), con el monumento en bronce del gran Henrik Ibsen como eterna custodia. Más allá, a dos cuadras de distancia, está la casa donde vivió en sus últimos años. Las habitaciones donde concibió John Gabriel Borkman (1896) y Al despertar de nuestra muerte (1899). Y allí los noruegos lo honran con un museo tan hermoso como ilustrado, tan emocionante como educativo. Aunque sus mejores obras hayan sido escritas en el exilio y aunque más de una vez haya sido crítico con su patria, aman ese genio y lo honran. Tanto como para realizar, cada dos años, el Festival Ibsen, dentro de las paredes del bello Teatro Nacional.
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