El box

Bartís, con su dialéctica intacta
Entrar en el Sportivo ya es una celebración teatral por sí misma. Todo predispone, desde el aroma a jazmines del patio y la amabilidad de quienes conducen hasta el café y el vino que, tan gentilmente, se ofrece en la antesala. Uno se acomoda frente al hecho teatral, feliz.
Adentro, la celebración continúa y, mientras los espectadores se ubican en sus asientos, los actores interpretan música. Bartís ama su espacio y sabe cómo usufructuar todo el ámbito, por eso juega cada una de sus obras desde distintos ángulos. Es decir, no sólo cambia la pintura sino el marco completo. Obsesivo y detallista, esta vez utiliza todo el espacio, a lo largo y a lo alto. Su puesta en escena, en sí misma, contiene dramaturgia.
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En el Sportivo Teatral, Thames 1426.
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