Una gaviota afortunada
De gatos, gaviotas y lazos solidarios
Gratísimo trabajo del Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín
A la gaviota empetrolada apenas le restan fuerzas para depositar un huevo en el muelle y pedirle al gato Zorbas que dé prioridad al instinto de supervivencia del conjunto del mundo animal por sobre las costumbres de su propia especie: que no se coma el huevo ni al pichón de gaviota, que lo críe y que le enseñe a volar. Menuda tarea, esta última, para un gato bien terrenal.
Contará para ello con la ayuda de sus amigos felinos y de un poeta. Pero sobre todo, con la de los titiriteros, que le permiten al gato recorrer en escena la historia relatada por el chileno Luis Sepúlveda en su Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar .
La adaptación de Mabel Marrone, responsable también de la puesta del Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín, prescinde de la localización en Hamburgo del original, así como de varios personajes secundarios, y gana no sólo la necesaria teatralidad, sino también en poesía y fuerza expresiva. Y al reemplazar palabras por imágenes, amplía el abanico de edades al que se dirige, para incluir hasta a los más pequeños que ya tienen edad como para contener la muerte de la gaviota madre en el inicio. Sólo en algunos tramos del desarrollo se demora la acción en diálogos que se extienden más de la cuenta.
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Sala Casacuberta, Teatro San Martín, Corrientes 1530. Sábados y domingos, a las 16. $ 15.
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