Santiago Gobernori: Santiago Gobernori

Del ascenso
Actor precoz, actuó, dirigió y escribió su primera obra a los diecinueve años. Jugador de rugby durante la adolescencia, Santiago Gobernori se decidió por el teatro hace unos diez años y desde entonces empezó a producir una teatralidad fresca, inteligente, disparatada, que hoy puede verse en su pieza Aspero, que también presenta en su propia sala, Defensores de Bravard. Y, además, acaba de estrenarse la película con la que hace su primer protagónico importante en el cine, la tragedia argentina El recuento de los daños, de Inés de Oliveira Cézar.
Santiago Gobernori dice que a los cuatro años estudió teatro, pero “como oyente”. Se ríe cuando lo dice, pero la afirmación es cierta, estuvo en un grupo de teatro amateur, cuando todavía no sabía leer ni escribir. Su historia invierte la clásica en que alguien que va a terminar siendo un gran actor es llevado de casualidad por un allegado –un primo, un vecino– a una clase de teatro o, en su versión más exitista, a un casting. Allí, y de manera inesperada, es elegido por un director, o en su versión más sincera, por la vocación misma. A diferencia de este paradigma, el caso de Gobernori tuvo que ver con una obsesión personal, fue él mismo el que hinchó los quinotos a su primo apenas mayor hasta lograr que lo llevara a conocer el elenco infantil donde actuaba.
Pero de esas clases hoy no se acuerda nada. Pasaron más de veinte años, es cierto, pero en esa lejanía radica la particularidad de su primer encuentro con la actuación. El olvido absoluto de lo que se hacía en ese lugar, su pasión infantil anterior a los recuerdos, constituyó su relación con el teatro en un déjà vu: “En mi adolescencia no hice teatro, de hecho jugué al rugby hasta bastante después de haber terminado el secundario, pero siempre me quedó algo. Cada vez que entraba a un teatro era como si me perteneciera. Me acuerdo de que con el colegio fuimos al Teatro Colón de visita, y sentía algo familiar, una especie de melancolía”.
Sin necesidad de referirse a esta “primera etapa” –él llama así al momento con el grupo de teatro infantil–, Gobernori fue un actor precoz: su primera obra, Golpe real, la escribió, dirigió y actuó a los diecinueve años. Y desde ese estreno no paró nunca más. Junto a Matías Feldman, formaron un monstruo de dos cabezas y desde principios de 2000 Gobernori es un poderoso exponente de lo que el teatro de Buenos Aires comenzó a ser más o menos por esos días: un maremágnum de estéticas que venían de los ‘90, pero en las que las clasificaciones habituales se mezclaron por completo, los actores empezaron a dirigir, los directores a actuar, los actores a escribir y así sucesivamente.
A esa melange Gobernori sumó pasar del teatro al cine, como hoy, que de ser un deprimido indio tehuelche en el Teatro San Martín, pasó a ser un acomplejado aunque lacónico Edipo, en la pantalla del Malba.
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Aspero se puede ver los domingos a las 19, en Club de Teatro Defensores de Bravard.
Reservas al 15-6677-7050 o a aspero.unaobratipica@gmail.com
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