Kalvkött, carne de ternera, de Silvina Chague


El dolor de vivir en el exilio

Emoción y ternura en un elenco bien conducido por la directora Corina Fiorillo

Para algunas culturas, el exilio es casi peor que la muerte; para otras, es una forma de eludir la muerte. Este último exilio, el que se vive por fuerza mayor, es el que han experimentado muchos argentinos que se vieron obligados a radicarse en el extranjero, sin comprender lo que significaba insertarse en otra cultura, otra tradición, costumbres ajenas y un idioma que no posee las mismas significaciones.

Sobre esto habla Kalvkött, carne de ternera , sobre el exilio de una muchacha argentina en Suecia, uno de los países que ofrecía asilo político, de su rebeldía frente a todo lo extraño, su añoranza de los sonidos, los perfumes, los afectos.

Desde el comienzo del espectáculo, se expone el origen narrativo del texto, y con esta característica se va desarrollando la historia de la protagonista: su encuentro con un sueco responsable de enseñarle el idioma, la relación a larga distancia con los padres y la dificultad idiomática y cultural para insertarse en otro mundo, otra realidad, muy diferente a los aires, los sabores y los colores sudamericanos.

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