Corina Fiorillo y Silvina Chague: Kalvkott, carne de ternera


De Buenos Aires a Estocolmo

La autora y la directora de la pieza cuentan de qué manera articularon sus recuerdos personales con los datos e imágenes de mediados de los años ’70 para narrar, con un montaje cinematográfico, una historia de exilio en Suecia, durante la última dictadura militar.

“Lo familiar nos define: las dos tenemos apellidos italianos y nos gusta comunicar el afecto a través de la comida”, resume la directora Corina Fiorillo refiriéndose a la amistad que la une a Silvina Chague, autora de Kalvkott, carne de ternera, obra sobre la cual ambas realizaron un trabajo de adaptación. Es que la pieza –que puede verse los fines de semana en el teatro El Nudo (Corrientes 1521)– es la traducción teatral del relato homónimo que Chague incluyó en Los mudos, un volumen que reúne varios cuentos relacionados temáticamente y publicado por la editorial Tantalia. Se trata, en este caso, de una historia de exilio que ocurre durante la última dictadura militar. La acción transcurre alternadamente –y hasta simultáneamente– en Buenos Aires y Estocolmo, y presenta, además, una gran cantidad de saltos temporales. De impronta cinematográfica, la puesta de Fiorillo sigue los lineamientos estéticos del argumento original. No en vano Chague es guionista y realizadora de cine.

El elenco está conformado por Belén Britos, Susana Di Gerónimo, Alejo Mango y Nelson Rueda, los cuatro con más de un rol a su cargo: “Tienen que hacer verdaderas piruetas anímicas para pasar de un personaje a otro”, halaga a sus actores Fiorillo, en la entrevista con Página/12. En gran medida, el relato está contado desde la mirada de Pieter, un sueco que no comprende la angustia del desarraigo de María, una exiliada argentina que no puede integrarse a la nueva cultura que le ofrece el país que la recibe. Y que no puede sobrellevar la culpa de haber dejado su país. “Ella está enojada, en un universo que se niega a comprender”, afirman Chague y Fiorillo. Y si ella lo acepta a él progresivamente, es porque en un acto de amor, Pieter insiste en apropiarse del idioma que ella habla. “La obra plantea las diferencias entre ambas formas de concebir los afectos”, define la directora y completa: “Nora, la madre de María, viaja a Estocolmo para decirle a la hija que puede hacer su vida allí, lejos de su familia”. De esta manera, la obra habla de los vínculos familiares y, más allá del marco del exilio político, de las dificultades que, por un lado, tienen los hijos para construir un mundo propio y, por el otro, los padres, en permitirles que lo logren.

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