Noctámbulo

Los vampiros cantan bien, pero no actúan

Una gran producción para una pieza amateur

Ante el suceso de la saga de Crepúsculo era cantado que el teatro iba a hacerse eco. Y qué mejor que el género musical para atrapar una historia de amor contemporánea de vampiros. Noctámbulo no está basada en aquella saga, pero su línea argumental central se circunscribe a una historia de amor entre un joven vampiro y una chica humana... sólo que en Buenos Aires. Lo que ensucia esa idea y hasta la ridiculiza es una estructura que subvierte cualquier regla dramatúrgica. Por momentos, la obra roza el disparate y hay un desequilibrio enorme entre las escenas de texto hablado y las musicales. Las primeras son larguísimas, con justificaciones argumentales y resultados bizarros (en el sentido anglosajón de la palabra) sin pretenderlo.

Por su parte, la puesta en escena de Jorge Mazzini pierde el equilibrio, por momentos, y es sumamente estática, en otros. Hay efectos especiales. Nieva sobre los espectadores y en algunos tramos la bruma inunda el escenario... y también la platea. Cuando ese humo espeso avanza sobre los espectadores de las primeras filas, que se cubren de esa especie de efecto "Islandia", quien esto escribe pensó por un instante si no se trataba de una broma de ShowMatch para todos los que allí estábamos. Se podría ocupar mucho espacio contando detalles de este fallido musical, con una producción que cualquier obra envidiaría. Pero no tiene sentido.

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