Luciano Cáceres y Daniel Campomenosi: Creo en Elvis

Las desventuras de un rey clonado
El director Luciano Cáceres y el actor Daniel Campomenosi destacan que el espectáculo apunta al fenómeno Presley en sus más variadas aristas. Creo en Elvis invita a reflexionar sobre conceptos como “verdad” y “mentira” y da cuenta de la automatización de la sociedad.
Creer es subyugarse a la potencia, doblegarse a los sentimientos para poblar la ausencia aun a pesar de lo que la ciencia demuestre, pues en cierta forma hasta el más acabado empirismo es un acto de fe. Dicen que el dictador romano Julio César alguna vez dijo que “los hombres creen gustosamente aquello que se acomoda a sus deseos”, y aún se puede escuchar en la canción “Yo creo” cómo Elvis Presley le da, de alguna manera, la razón: “Creo que alguien en el inmenso ‘algún lugar’ escucha cada palabra”. Luego de su muerte, el 16 de agosto de 1977, fueron miles de millones los que lo creyeron, pero en vez de ese “alguien” ubicaron al propio rey y, por encontrarlo somewhere de este mundo, se debatieron incontables teorías: que fue enterrado al lado de su padre y de su abuela y no junto a la tumba de su madre, como había solicitado; que su nombre está mal escrito en la lápida; que el ataúd pesaba menos que el cantante de Mississippi; que algunos certificados fueron desaparecidos y que nadie cobró su seguro de vida. Tras ellas, la horda de inquisidores fue a cruzárselo, a veces en simultáneo y durante los casi 33 años desde su última aparición pública, en variados y distantes paisajes del globo. Todavía hay fanáticos argentinos que aseguran que está asentado en Buenos Aires. Y si Daniel Campomenosi saliera con el jopo alto y el traje azul hasta el kiosco antes del inicio de Creo en Elvis, que se presenta los sábados a las 23 en El Grito (Costa Rica 5459), y se encontrara con alguna nena del Sandro foráneo (¿?), indudablemente la mujer caería a besarle los zapatos de gamuza.
Lo que la comedia teatral escrita por Mariano Rochman y dirigida por Luciano Cáceres nuclea es inabarcable, tanto como cualquier texto, en su acepción semiótica: el fenómeno Elvis y sus variadas aristas, más una serie de instancias reflexivas, que apartan por un rato lo bizarro de la puesta en pos de una profundidad acaso metafísica (¿Verdad o mentira? ¿Casualidad o destino? ¿Quietud o movimiento?). Ello a partir de la angustiosa experiencia de cuatro clones del icono de la música popular norteamericana (los restantes, interpretados por Hernán “Curly” Jiménez, Horacio Nin Uría y Joaquín Berthold) bajo las órdenes de sus custodios (Ideth Enright y Martín Kohan, que hace su debut actoral), todos de la Elvis Group Corporation, cuya presunta misión es encontrar al verdadero rey. “Lo que hace Mariano es no profundizar en los temas ‘filosóficos’, sino sólo plantearlos, y eso moviliza a provocar un cambio”, explica Rochman. “Y lo loco es que lo hace de una forma tan ‘irreal’ como es la clonación. La teatralidad no está puesta en hacer chistes, sino que salen de una situación irrisoria”, amplía Campomenosi en la entrevista con Página/12.
–Cáceres, ¿por qué se interesó en este texto?
Luciano Cáceres: –Mariano es un amigo que empezó a escribir y a dirigir en Madrid. Allí tiene una sala y una escuela de teatro que se llama La Usina, y se mandó con dos obras. Una la dirige él (Agujeros negros, que se estrenará en septiembre en el teatro madrileño Lagrada) y la otra me la dio para que la leyera. Justo antes de ese viaje mío a España, con Daniel, Joaquín y Jiménez habíamos hecho la película Lucky Luck (James Huth) en Francia.
Daniel Campomenosi: –Es un film que no se estrenó en Argentina, sólo en Europa, el año pasado.
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