Jardín de otoño

Nueva versión de una obra de Diana Raznovich

No logra conmover esta puesta de Perciavalle

Desde su estreno, en 1984, Jardín de otoño ha tenido múltiples representaciones. Se trata de un material interesante para plantear un intenso juego actoral y develar desde ahí ciertos aspectos que hacen a ese mundo femenino que sigue, diariamente, una telenovela en la que el galán de turno tiene algo más que protagonismo en la ficción. En este texto, él se introduce en la casa de dos mujeres, y, de tal manera, que ellas no pueden más que ver realizadas sus fantasías. A su manera, Griselda y Rosalía dan forma a una convivencia conjunta. El actor se transformará en figura primordial, pero, ahora, junto con ellas, en la intimidad de la casa que habitan.

La versión que acaba de estrenarse en el Molière mantiene el texto original y propone que dos hombres travestidos construyan a esas mujeres ansiosas y profundamente solas. Algo de la pieza se desvirtúa así. Esa ingenuidad romántica que caracteriza a los personajes queda muy escondida detrás de las máscaras, casi grotescas, de los intérpretes. Ellos no terminan de aportarles a esas criaturas esa femineidad necesaria para que la trama crezca en su justa medida.

Más en La Nación

En Molière (Balcarce 682). Los viernes y sábados, a las 20.30.

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