Eter retornable
Cuando el matrimonio se vuelve un juego absurdo
Atractiva puesta del uruguayo Gerardo Begérez
Una pareja se sienta a discutir los términos de su separación. Separación de bienes, de hijos... No sólo la relación está rota sino que hasta la comunicación entre ellos va por carriles irreconciliables, pero lo raro es que no es por falta de amor o cariño (sensación que se sostiene a lo largo de toda la obra y que la vuelve más extraña aún), sino por un entramado lingüístico y temporal en el que el absurdo toma la delantera y lleva la narración por vericuetos alejados del realismo y que traen a la memoria textos y situaciones de La cantante calva, de Eugène Ionesco.
No importa demasiado si son esos desencuentros los que llevan al absurdo o viceversa (por momentos ese juego se diluye un poco); lo que sí importa es que construyen un clima de tragicomedia que por momentos se acerca a una comedia lisa y llana (con visos musicales y todo), y por otros a una negrísima tragedia. Este juego hace que se torne de verdad interesante la historia de estos dos seres que viven una vida cotidiana vacía de contenido pero a la vez llena de atractivos colores. Así de contradictorio es todo en el universo amoroso y perverso de esta pareja que no puede amarse pero que no puede no hacerlo, que no puede estar junta, pero tampoco distanciada.
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En el Teatro del Artefacto. Sábados, a las 23.
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