Los que volar no saben


Aspectos de un mundo autoritario

Un genuino e inquietante trabajo en equipo, comandado por Diego Cosin

Un viejo castillo. Una familia que vive encerrada en él, casi escondida del mundo exterior. Cada personaje parece salido de una foto difusa. La imagen deformante no permite distinguir exactamente quiénes y cómo son. Pero están ahí, perdidos en sus propios ideales y en sus propios vicios. Preparan, desde hace años, un acto que parece ser la única justificación de sus existencias. La locura ha terminado de apoderarse de ellos y los ha tornado de un patetismo extremo. Son muy peligrosos, es cierto, cuando se devela el móvil de una acción que sólo busca dar aliento a un nuevo dictador que conduzca los designios del mundo.

El texto de Hishan El-Naggar expone una trama sorprendente y, a la vez, expresa cierta ingenuidad ideológica. Pero su humor es muy ácido y eso lo torna divertido, entretenido. El juego al que conduce a sus personajes es mucho y ellos deben sobreponerse a unas rutinas dislocadas que, continuamente, revelarán un grado más de sus existencias exaltadas.

Más en La Nación

En Beckett Teatro (Guardia Vieja 3556). Domingos, a las 20.30.

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