Los 39 escalones

El clima de un Hitchcock dislocado
Crítica "Los 39 escalones" . Una versión disparatada de González Gil, con actuaciones que potencian la puesta.
Es fiel a la película de Alfred Hitchcock. O casi. Salvo algunos aspectos que no hacen a lo sustancial de la historia. (Y no es que tengamos tanta memoria, ya que es de 1935, ni que seamos muy viejos: ocurre que acabamos de volver a verla en video). Y todo arranca igual, en Londres, con un canadiense aburrido, Richard Hannay, que concurre a un teatro.
En ese lugar -en medio de un inesperado revuelo- una mujer le pide que la lleve al departamento de él. Allí, alguien la mata. Y no estamos revelando nada esencial porque eso ocurre en los primeros minutos de la narración.
El resto es la huída de Hannay, sospechado de ser el asesino, hacia Escocia, y sus encuentros con una dama en un tren, con un matrimonio de granjeros, con el hombre del meñique cortado, con policías y con integrantes de la siniestra organización Los 39 escalones, dedicada al espionaje internacional.
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