La novia


Una novia en busca de un altar

Atractivo trabajo de Deby Wachtel, que combina poesía, melancolía y humor

Sofía toca la flauta travesera en las bodas de una sinagoga. Es ella quien pone música a cada una de las ceremonias que allí se realizan. Es quien ve pasar día tras día a todas las novias que atraviesan su "camino de la felicidad". Sofía toca la flauta y sueña con ser ella un día la que vista de blanco, la que todos miren, la que salude en el atrio. El deseo de esta mujer un día se vuelve imperativo y la toma, y ella no puede más que dejarse llevar y transformarse en la protagonista de ese sueño que se parece mucho (y peligrosamente) a una obsesión.

Luego de varios trabajos como dramaturga y directora, esta vez Deby Wachtel elige ponerle también el cuerpo a La novia , su nueva propuesta, en la que vuelve a hacer algo que cualquiera que haya visto alguna de sus obras anteriores sabe que maneja muy bien: combinar exquisitamente poesía, melancolía y humor. Con palabras suyas y otras de Juana Bignozzi, Wachtel va mostrando de a poco las señales de ese camino sinuoso por el que su personaje se desbarranca irremediablemente.

Más en La Nación

En El Camarín de las Musas. Domingos, a las 19.

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