Jujuy

Jujuy, un potente viaje escénico

Una pareja (o varias). Ella y él (aunque, por momentos, parecen ser dos mujeres y, en otros, dos hombres). Vale reconocer que esa confusión genera una potencia escénica casi perturbadora. Entonces, él y ella (o sus múltiples variables) en múltiples escenas que arman esta especie de collage centrado en un vínculo casi caprichoso que, en general, transita por cierto registro carente de emociones. Vale también reconocer que esa distanciamiento genera una mayor potencia escénica porque desorienta, enternece, deja dudas.

Así contado Jujuy , de esa forma se llama la nueva propuesta de la coreógrafa Ana Garat, puede ser que no luzca muy tentadora. De no serlo, seguramente es por un problema de esta misma crónica, porque por la forma en que Garat manipula a estos dos personajes, por la forma en que dibuja sus movimientos en el espacio y por la exquisita particularidad que demuestra en hacerlos transitar por esa línea casi distante convierten a Jujuy (¿por qué se llamará de ese modo?) en un viaje de cuyo destino final poco puede saberse, pero que, como sucede con los mejores viajes, lo mejor está en el mismo andar.

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