Aráoz y la verdad


Los secretos del destino

Crítica: "Aráoz y la verdad". Una puesta prolija y con un Brandoni en un buen momento. Pero no siempre la emotividad de los textos de Sacheri aparece en escena.

El nuestro es un país donde el fútbol genera leyenda. Hay una épica, entre tantas, del campeonato de Independiente con ocho jugadores frente a Talleres en Córdoba, del gol de Chilavert desde su propio campo al Mono Burgos, de Riquelme que hace unos días le hace el pase gol y le niega el saludo después a Palermo que viene de romper un récord, del penal que le ataja, adelantado, Roma a Delem, en una casi final de campeonato entre Boca y Ríver.

Ese relato posible de historias también se genera en el fútbol de oficinas o en el potrero del arrabal que todavía resiste. En los barrios, por ejemplo, donde los amigos esperan que el consagrado Tito regrese del ámbito profesional para remontar un partido que viene difícil. Esa es la trama y el color que maneja como nadie Eduardo Sacheri. El autor de Aráoz y la verdad detecta los códigos de conducta que se revelan en un campo de juego, la confianza que revela un delantero que deja pasar un centro porque apuesta a que el compañero, mejor perfilado, la mande a guardar; las señales morales que puede esconder un defensor para no romperle la pierna a un adversario después de correrlo desde atrás durante cuarenta metros aunque su equipo, tras esa jugada, se vaya al descenso.

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