Stella Galazzi: Estaba en mi casa y esperaba que llegara la lluvia


“Es un texto poético y filosófico”

En Estaba en mi casa y esperaba que llegara la lluvia, que se estrena mañana en el Teatro San Martín, el autor francés imaginó a cinco mujeres que giran alrededor de una ausencia. “Piensan y hablan, sin dejar de hacer”, dice Galazzi.

Ese hermano que recordaban perplejo ante una situación injusta apareció un atardecer en la casa familiar. Luego de la ausencia de años que sobrevino a la furia del padre que lo echó, regresaba maltrecho y silencioso. Así se desplomó en el vano de la puerta. El padre –con quien tantas veces discutió fiero– había muerto, pero quedaban las mujeres: madre, abuela y tres hermanas. ¿Qué siguió al dolor de la partida? ¿Qué sostuvo a las mujeres en la espera? ¿Qué delito cometió el hermano tan violentamente echado por el padre? ¿Ellas lo defendieron? ¿Las cacheteó el padre? En Estaba en mi casa y esperaba que llegara la lluvia, obra del francés Jean-Luc Lagarce, que se estrena mañana sábado en la Sala Casacuberta del Teatro San Martín, los interrogantes no tendrán respuesta. La directora Stella Galazzi –también actriz, pero no en esta obra– señala el ocultamiento como una actitud normal en el seno de toda familia, así como el armado de cada integrante de un rompecabezas personal sobre el pasado. “Tomo básicamente aquello que en la obra se relaciona con la necesidad de crear algo que justifique la propia existencia. La espera de estas mujeres es una creación, como lo es la proyección que hacen sobre un futuro posible que incluya al hermano. Ellas lo quieren en la casa”, puntualiza.

–¿Por qué en todo grupo de mujeres aparece algún elemento siniestro?

–En esta situación, lo siniestro es el hecho de que el hermano regrese, no hable y se desplome. Pero si lo siniestro aparece entre mujeres es también porque ellas no lo niegan, lo reconocen, y hablan, discuten o pelean. Es raro hallar ese comportamiento en el varón. Aquí, el hermano, por ejemplo, cae sin decir palabra, y el padre, después de aquella pelea, decide apartarse de las mujeres y guardar silencio hasta su muerte. En general, el varón no sabe qué hacer con su dolor; la mujer, en cambio, parece hallar en el dolor una manera de motorizar una continuidad, aunque sea un poco dañina, y de ninguna manera la mejor, pero intenta ir hacia adelante.

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