Alejandro Viola
Alejandro Viola
El fuego sagrado Se presenta con Los Amados y ensaya, dirigido por Helena Tritek, los sonetos de Shakespeare.
Teatro comencé a estudiar en la secundaria. Vivía en Lanús Este, casi Monte Chingolo, y era la dictadura. Había encontrado una especie de curso de Enrique Guevara, en un café de San Telmo, Ultimo Tango, en el pasaje San Lorenzo: una especie de salvoconducto a otro mundo. Me acuerdo: viajaba los miércoles y domingos. Ese espacio, a las dos de la mañana, por ejemplo, era un lugar oculto y secreto. "¿Documentos tenés, no?", era la pregunta de entonces. Debajo del escenario había tanta teatralidad como arriba. Por ahí aparecía Gogó Andreu a hacer un monólogo y se hacían obras que aludían a estos tiempos oscuros.
Mi viejo tenía una flota de camiones y era un gran cantante tenor. Me parece que habrá tenido su influencia.
Las primeras obras que me mataron fueron La señorita de Tacna, con Norma Aleandro y Adriana Aizenberg, y Camino negro, un texto de Viale, que hacían Miguel Angel Solá y Betiana Blum. Yo miraba eso y decía: no voy a hacer otra cosa que lo que hacen estos tipos.
Estar al frente de un grupo es un trabajo que va más allá de lo que se imagina: me gusta compartir textos con el grupo, orientar, o mejor, compartir. Llevo algo de Brook, un texto sobre la concentración o la puesta en escena. Eso lo aprendí de Helena Tritek. Y nos va muy bien. El disco Karabali, ensueño Lecouna, tendrá invitados de lujo como la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Buenos Aires.
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