La Bella y la Bestia
El regreso del cuento mágico
La maquinaria Disney ha vuelto a ponerse en funcionamiento. Esta vez, para devolver a la cartelera porteña uno de los musicales más conocidos en el mundo, estrenado en Nueva York en 1994 y que aquí se representó hace una docena de años.
Inspirado en la tradicional película de dibujos animados, "La Bella y la Bestia", en esta versión con canciones y danzas, conserva el mágico encanto de los cuentos infantiles. Claro que aprovecha también toda la tecnología de que se dispone hoy para una puesta teatral, con lo que acentúa la fascinación que la historia provoca, sobre todo en los espectadores más pequeños.
Los números, aunque fríos, ayudan a comprender la magnitud de la apuesta: a lo largo de las dos horas y media que dura la función se producen unos doscientos cambios de vestuario en el elenco de cuarenta personas, el escenario se transforma con treinta y dos escenografías, y en cada cuadro sorprenden las coreografías entusiastas y efectos lumínicos y técnicos muchas veces deslumbrantes.
La historia que se narra es la de un príncipe egoísta y vanidoso que cae víctima de un embrujo, junto con los fieles sirvientes de su castillo, al rechazar a una vieja hechicera que le pedía cobijo en una fría noche de invierno. Transformado en un ser abominable, vive como un calvario la decadencia de una rosa roja que le entregó la bruja, sabiendo que sólo podrá volver a ser quien era si consigue que una dama se enamore de él antes de que caiga el último pétalo.
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