La Bella y la Bestia


Un cuento para volver a mirar

Disney demuestra otra vez cómo se hace un musical

"Magia es lo que hubo aquí", canta Bella hacia el final, cuando todavía tiene a la Bestia en sus brazos. Y, casi sin querer, esa frase define todo lo que sucedió sobre el escenario durante algo más de dos horas y media.

La puesta de Disney que desembarca por segunda vez en Buenos Aires tiene la virtud de generar esas sensaciones que se sienten cuando uno se enfrenta por primera vez a una historia. No importa cuántas veces uno haya leído el libro, visto la película o curioseado en Internet momentos del musical, esta historia vuelve a generar emoción, intriga, suspenso, risa, miedo, ternura y felicidad. De un romanticismo de cuento, la pieza toma de la nariz al espectador (hasta al más reacio) y lo lleva de paseo. Es un placer dejarse mecer por las melodías y las canciones que dan vida a cada cuadro, sensaciones que se complementan con otras que produce un elenco de muy alto nivel -del primero al último- que se entrega a cada personaje con un entusiasmo contagioso. Ellos son los que, más allá de la escenografía y el vestuario, le dan verdadera vida a la puesta.

El dúo protagonista está integrado por una Bella que pareciera haber salido directamente del cuento. Magalí Sánchez Alleno no sólo es la imagen misma de la Bella que todos tenemos grabada a fuego en la cabeza, sino que logra dotarla de una energía que equilibra dulzura y fortaleza, la misma que requiere esa princesa personal y nada fácil de etiquetar. Sánchez Alleno tiene la oportunidad no sólo de cantar y darle rienda suelta a su hermosa voz, sino que, desde la actuación, llena de matices a su personaje y así consigue altos grados de verdad.


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