Adrián Navarro y Federico Luppi: Por tu padre


Padre e hijo, frente a frente

Protagonizan la obra Por tu padre, con dirección de Miguel Cavia, el recordado puestista de la obra El vestidor

Después de una década, Federico Luppi está de nuevo sobre un escenario porteño. La pieza que posibilitó este regreso es Por tu padre , adaptación de una obra del brasilero Dib Carneiro Neto, que, además, reencuentra al actor con el director Miguel Cavia, también puestista de aquella última incursión teatral de Luppi en la Argentina (ver recuadro). Adrián Navarro acompaña en este flamante debut a Luppi, quien antes, pero en cine, ya hizo de su papá de ficción. Ahora, en el contexto del funeral de un familiar, encarnan personajes que confrontan aspectos del universo afectivo del cual forman parte: Luppi, en el doble rol de padre y amante; Navarro, que interpreta a un hijo al filo de los 40 y del estallido personal. Poco antes de una función, ambos actores compartieron con LA NACION sus impresiones acerca de la obra que protagonizan.

Federico Luppi: -Entre otras cosas, me atrajo el planteo de un tema del que casi no se habla, que tiene que ver con el caso de un niño excluido, criado en una familia sin imagen paterna fuerte, con una madre ausente, con un amante. La obra recorre la perspectiva de qué ocurre cuando en la familia la comunicación con el niño no es ni fluida ni afectuosa ni cuidadosa. Por otro lado, se plantean los temas centrales del hombre, su crecimiento, su descubrimiento del sexo, el tema del afecto, del cariño, la pareja, la seducción como un elemento amoroso que forma parte de la pareja, y la ausencia de educación sentimental. La historia habla de esos tópicos, más lo que se genera en un chico joven que crece huérfano de todo ese tipo de raíces: la furia, el resentimiento, la enorme capacidad afectiva aún no puesta en ejercicio, el brutal enfrentamiento con una parte del sexo que este muchacho descubre casi a los 40 años.

-¿La obra remite, además, a los rituales?

F. L.: -Tiene que ver con cierto sentido de los rituales de la despedida de los deudos, que tiene un doble componente. Por un lado, la acentuación de la despedida, como una forma de patentizar un duelo que en el tiempo permita desprenderte cada vez con menos dolor. Pero también, que en el momento de la plasmación del hecho ritual, hay una especie de formalidad salvaje, como dice un personaje en cierto momento de la obra.

Adrián Navarro: -Lo dice en relación a que hacer un velorio es una formalidad salvaje. Y este tipo no siempre tiene esos pensamientos tan lúcidos. En el momento en que dice eso, tiene 40 años, pero es un tipo que quedó atrapado en los 12 años, en la situación de ver esa relación de padre, madre y un amante, y que era aceptada por su padre.

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